Estamos de enhorabuena, porque después de cuatro años de discusiones, sí, 4 años… el Senado chileno ha aprobado por fin el proyecto de ley que contempla el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Una deuda pendiente con la igualdad y con las miles de parejas de lesbianas y gays que hasta ahora se han unido en el Acuerdo de Unión Civil, que aunque era algo, era bastante insuficiente puesto que dejaba derechos fundamentales, como la de la filiación de los hijos, fuera.

Si una pareja de lesbianas tenía un hijo, este sólo figuraba como hijo legal de la madre gestante. En caso de fallecimiento, la otra madre, aunque estuviera unida a su mujer por el acuerdo de unión civil, no podía reclamar la custodia de su hijo.

Lee también: Una adolescente lesbiana brutalmente asesinada en Chile

Pero el matrimonio y la filiación (que han sido votaciones diferentes) se han aprobado por 28 votos a favor y 14 en contra, y 29 a favor y 14 en contra.

A principios de junio, el mes del Orgullo, fue toda una sorpresa cuando Sebastián Piñera, presidente de una agrupación de partidos de derecha y católico, pidió que se aprobara con carácter urgente el matrimonio igualitario, lo que se tradujo en acusaciones y enfrentamientos en su propia coalición, que lo acusaron de traidor. Piñera se justificó argumentando que la vida le había enseñado cosas, así como conocer muchas personas y muchos casos.

Lee también: María Jimena Pereyra y su novia en una preciosa campaña para pedir el matrimonio y la filiación en Chile

Bien. Ya sabemos que la homofobia tiene una raíz profunda en la ignorancia y el desconocimiento.

La Ley, que llevaba dando vueltas en el Congreso desde 2017, durante el gobierno de Bachelet, ahora pasa a su segunda etapa en la cámara de Diputados.

El gobierno espera que los primeros matrimonios puedan llevarse a cabo antes de que termine esta legislatura, que acaba en marzo de 2022. Enhorabuena a Chile y al arduo trabajo que han llevado a cabo sus activistas durante años.

Una Respuesta

  1. feminiateo

    Es un gran paso y supondrá la progresiva legalización de muchas familias. Pero no nos podemos quedar aquí. La reacción es cada vez mas fuerte y nos sigue atacando. Las personas que no respondemos a lo que el heteropatriarcado esperaría de nosotras tenemos que estar más organizadas, al menos tanto como la gente conservadora, que se reúne un rato todos los fines de semana en sus templos. En torno a una nueva religión atea/agnóstica, no dogmática, feminista, antirracista, ecologista y aliada de los movimientos LGTBIQ, lo conseguiríamos, y seguramente se formarían muchas comunidades. En infinito5.home.blog escribo sobre ella.

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.