La homofobia de la Iglesia (o más bien las iglesias en general) ha sido el motor que ha impulsado a muchas madres y muchos padres a rechazar y excluir de sus afectos y sus círculos a hijos gays, hijas lesbianas, bisexuales e hijos trans.

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Durante siglos se les ha tratado como enfermos, se les ha intentado «curar», se les ha exorcizado, se les ha tratado de pecadores y muchas otras cosas que no solo han arruinado la vida de tantos miembros de nuestra comunidad, sino que también ha empujado a miles de personas al suicidio.

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Por eso es tan importante que en un momento como este, donde por ejemplo los obispos polacos se unen para pedir al gobierno que las personas LGTB sean sometidas a terapias de conversión, la máxima autoridad de la Iglesia Católica, el Papa Francisco, entregue un mensaje como este.

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Hace unos días el Papa recibió a 40 miembros de la asociación de padres y madres de LGTB,  “Tenda di Gionata” y les dijo: “Dios ama a sus hijos como son. El papa ama a sus hijos tal como son, porque son hijos de Dios. La Iglesia no los excluye porque los ama profundamente”. 

La asociación de padres le regaló al Papa una camiseta con los colores del arcoíris  y la frase: “En el amor no hay miedo”.

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Uno de los padres de la asociación, que al parecer vivió un duro proceso de aceptación de la homosexualidad de su hijo, comentó a la prensa:  “En el doloroso viaje que, como creyentes LGBT, cada uno de nosotros ha hecho, confieso que no me habría imaginado que hubiéramos llegado a esta etapa. Reunirnos en audiencia con el Santo Padre”.

Esperamos que los mensajes de las iglesias sean cada vez más inclusivos y se centren en lo que siempre debieron centrarse: el amor y la aceptación, no el odio y la exclusión.

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