Cada vez que tengo que escribir de Putin debo controlar mi rabia. Porque es tan injusto que toda la población LGTB de un país deba sufrir profundamente solo por la homofobia de sus políticos.

El derecho al amor es un derecho humano que no se nos puede prohibir solo por nacer en Rusia, país en el que Putin gobierna e impone su política de odio y discriminación.

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Padres gays han tenido que huir con sus hijos de Rusia para evitar que les quitaran a sus hijos, o estas madres lesbianas han tenido que pedir asilo político en Alemania para poner a salvo a su familia.

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Putin ha intentado ilegalizar el matrimonio igualitario (que no es legal, pero es un paso más en contra, hacerlo ilegal) y ha hecho una campaña totalmente humillante sobre lo que es ser una familia homoparental.

Hace unos días, en una comparecencia al grupo que estudia cambios en la Constitución, Putin declaró: “En lo que se refiere al ‘progenitor número uno y progenitor número dos’, yo ya me pronuncié públicamente y lo digo una vez más: mientras yo sea presidente no habrá progenitor uno y dos, habrá papá y mamá”.

Putin, quien desde su ascenso al poder hace 20 años ha apoyado la moral conservadora que promueve la Iglesia Ortodoxa Rusa, aprobó una ley contra la «propaganda homosexual», que ha criminalizado por ejemplo una marca de helados por tener un arcoíris de logo, y siempre se ha manifestado categóricamente en contra de la unión homosexual.

“Los matrimonios homosexuales no producen hijos”, aseguró en una ocasión el jefe del Kremlin, que acostumbra a predicar contra el liberalismo “sin género y estéril”.

Esto obligó a España a comprometerse a que ninguna pareja lésbica o gay adoptaría niños rusos.

Putin es una verdadera pesadilla para el amor y la libertad LGTB. En principio debería mantenerse en el poder hasta 2024, pero quién sabe, quizás él mismo aprueba alguna ley para perpetuarse.

Una Respuesta

  1. feminiateo

    Ante muestras de LGBTfobia como las del jefe de estado ruso, debemos construir movimientos más fuertes, donde la gente se relacione de una manera más estrecha y para ello tenemos que dejar atrás esa época de individualismo exacerbado de la que venimos. Son muy positivas también las alianzas con los feminismos. Las personas que no respondemos a lo que el heteropatriarcado esperaría de nosotras tenemos que estar más organizadas, al menos tanto como la gente conservadora, que se reúne un rato todos los fines de semana en sus templos. En torno a una nueva religión atea/agnóstica, no dogmática, feminista, antirracista, ecologista y aliada de los movimientos LGTBIQ, lo conseguiríamos, y seguramente se formarían muchas comunidades. En infinito5.home.blog escribo sobre ella.

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