Tarde o temprano la vida se encarga de darte ciertas lecciones. De mostrarte que tus prejuicios no tienen fundamentos o de traerte a casa aquello que más has odiado en el mundo.

Bien lo sabe ya Anita Bryant. Quizás su nombre no te dice nada, pero ha sido durante décadas una gran piedra en el camino de muchas lesbianas, gays, bisexuales y trans en Estados Unidos. El dolor de miles de activistas por la libertad e igualdad sexual y de género.

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Anita Bryant es una ex reina de belleza y cantante pop que se hizo muy famosa por oponerse férreamente a cualquier derecho para la comunidad LGTB. Cuando en 1977 una ordenanza buscaba impedir, por ejemplo, que se discriminara por orientación sexual en el acceso a la vivienda y el trabajo, ahí estaba Anita para protestar.

No solo llevó a cabo una campaña muy mediática llamada «Salvemos a nuestros niños», donde publicaba anuncios en periódicos sobre homosexuales (a los que llamaba basura humana) abusando de niños, sino que también consiguió derogar esta ordenanza que tardaría 22 años en aprobarse otra vez.

«Si a los homosexuales se les otorgan derechos, luego tendremos que dar derechos a las prostitutas y a las personas que se acuestan con San Bernardos y a los que se muerden las uñas…», decía.

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Las protestas LGTB se hicieron contra ella. Famosa se hizo también cuando un activista gay le lanzó una tarta en la cara. La imagen dio vuelta por todo el país.

La vida le ha arrojado otro pastel. Su nieta, Sarah Green, hija de su primogénito, es lesbiana y va a casarse con otra mujer. Todo lo cuenta en el podcast One Year de Slate, en un capítulo sobre esa famosa ordenanza y los derechos en LGTB en Miami.

Sarah contó que hace 2 años su abuela la llamó para cantarle el cumpleaños feliz y terminar su saludo diciendo que si tenía fe aparecería el hombre ideal, su futuro marido.

«Espero que no venga porque soy gay y no quiero que venga un hombre», contestó ella. La respuesta de Anita fue decirle que debía fortalecer su fe en Dios para que Él le recordara que realmente era heterosexual. «Es muy difícil discutir con alguien que piensa que una parte integral de su identidad es solo un engaño maligno. Quiere una relación con una persona que no existe porque yo no soy la persona que ella quiere que sea», agregó Sarah.

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Sarah va a casarse este año. Dice que aún no sabe si invitar a su abuela. “Creo que probablemente eventualmente la llamaré y le preguntaré si quiere una invitación, porque realmente no sé cómo respondería”, dijo. «No sé si se ofenderá si no la invito. Me siento un poco mal por ella. Y creo que por mucho que ella espera que yo resuelva las cosas y regrese a Dios, espero que ella lo resuelva», concluye.