Mientras el Papa Francisco aconseja, en una entrevista, a los padres que tienen niños y niñas que se definen como gays y lesbianas, que los lleven al psiquiatra, mientras el pontífice con sus irresponsables declaraciones insinúa que ser homosexual equivale a ser enfermo, en el mundo sigue pasando esto, que un niño feliz de 9 años se suicida por la presión de otros niños de su edad, que también relacionan la homosexualidad con algo nefasto.

Es la historia del pequeño Jamel Myles. Con solo 9 años le contó este verano a su madre que le gustaban los chicos, que él se sentía gay. Su madre lo abrazó y le dijo que siempre lo amaría y apoyaría.

Jamel junto a su madre

Pero lamentablemente el amor y el apoyo de su madre no fueron suficientes para salvarle la vida a este niño, que se topó de frente con un muro de homofobia, y lo que más pena da, la homofobia de unos críos de su edad.

Después de salir del armario con su familia, Jamel se sentía Orgulloso de ser gay, como él mismo le dijo a su madre, y por ese Orgullo quiso contarlo a los niños de su clase.

El acoso fue tan brutal que solo cuatro días después Jamel se suicidó, siguiendo los consejos de sus compañeros de clase, que le de decían que lo mejor era que se matara.

“Fue a la escuela y me dijo que iba a decirle a la gente que era gay porque estaba orgulloso de él mismo“, dijo la madre al medio Fox. Sin embargo, a los cuatro días de haber iniciado las clases en la escuela primaria Joe Shoemaker Elementary School, Myles se quitó la vida el jueves 23 de agosto, pero no transcendieron más detalles.

La escuela envió una carta a los medios locales, en la que contaron que dispusieron de todos sus servicios de ayuda para asistirlos ante esta pérdida. Por otro lado, Pierce decidió hacer público su dolor con la intención de visibilizar la compleja realidad que viven los niños en Estados Unidos que son acosados en sus escuelas.

 Según una encuesta nacional de salud realizada en 2015 en 25 condados de Estados Unidos, entre estudiantes de noveno y doceavo grado, los niños que se consideran a sí mismos gays, lesbianas o transgéneros son víctimas mucho más frecuentes del bullying y la violencia sexual que sus pares heterosexuales. También tienen más conductas autodestructivas, se sienten más solos y su salud en general es más pobre. Casi la mitad ha pensado seriamente en suicidarse, tres veces más que el resto de sus compañeros.

 

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