La ignorancia, el miedo y el odio son, amén de adornos poco deseables, malos consejeros. Solo desde esa mala asesoría se pueden entender cosas como el envío de documentación que ha hecho, a escuelas españolas, la Asociación HazteOír.

Bajo el lema “Dejad a los niños en paz” se ofrece un “Manifiesto por el respeto a los niños y la libertad de educación” donde se dice, entre otras, “Que se respete la voluntad de los padres a la hora de decidir la educación afectivo-sexual que reciben sus hijos, tal como reconoce la Constitución española”. Ello acompañado del llamado Pin Parental con el que controlar «cualquier actividad, charla, taller o similar que quieran impartir en el colegio al que hago referencia y que afecte directamente a la educación moral del alumno en cuestiones socialmente controvertidas, como son las relativas a la educación afectivo-sexual, la “identidad y expresión de género”, la “diversidad sexual y afectiva”, los “diferentes modelos de familia”, etc. …».

Lo dicho. La incultura. Que es muy mala consejera. Porque la Constitución española no dice, en parte alguna, que la escuela pueda dar una educación adulterada a nuestros escolares. Que una cosa es el pin y otra el pan. Y al pan, pan; y al vino, pues eso.

Un padre puede decidir que la Tierra es plana y que eso es lo que quiere que aprenda su hija. Pero la escuela tiene la obligación de explicar que no es plana, que tiene forma de globo achatado por los polos, que es un esferoide, le guste o no a ese padre.

VER: La divertida campaña de La Casa de las Flores para burlarse de los homófobos

Una madre puede negar el cambio climático y querer educar a sus hijos en esa idea, pero en el colegio tienen que aclararles que el nivel del mar sube, que los hielos perpetuos han dejado de ser tan perpetuos y que los glaciares de la Antártida, Groenlandia o el Himalaya están adelgazando.

Aún más, se puede ser antivacunas y proclamar a los cuatro vientos que es más natural pasar el sarampión que vacunarse de él. Que, oiga usted, no deja de ser verdad, que hay cosas y cosas, que es más natural padecer un cáncer que tratar de curarlo. Y por supuesto, es más natural morir del cólico miserere que sigue a una apendicitis que dejar que el cirujano te opere. Pero, si esperan que la escuela -y la sociedad- comulgue con semejantes desvaríos, es que el extracto de setas ideológicas les ha quedado un poco cargado. 

Una madre, un padre puede decidir que solo hay un modelo de familia, el suyo, sea el que sea, pero la realidad no es esa y la escuela ha de educar en la verdad. Una verdad que está en parques y equipos de fútbol. En calles y mercados. En cines y libros. Bajando las escaleras del metro o subiendo a la montaña rusa.

Lo que HazteOír (los del bus homófobo y tránsfobo) pretende es una engañifa, una impregnación de la escuela española con ideas falsas. Porque la aprobación del divorcio, el matrimonio igualitario y otras transformaciones sociales han hecho que el modelo de familia haya cambiado para siempre. La diversidad familiar es real, imparable e incuestionable. Pretender educar a nuestros jóvenes en vidas y milagros propios de otras épocas solo servirá para darles una formación incompleta y, a la postre, estéril.

Bueno, y para algo más. Para hacer daño. A propios y a extraños.

A extraños porque con esa conducta se estimula el acoso a los menores, se fomenta el odio en la escuela y se generan espacios inseguros donde reina el miedo.

A propios porque, simple estadística, entre sus hijas e hijos la diversidad también está presente.

Si calculamos que las personas LGTBI somos en torno al 6% de la población y si entre los seguidores de HazteOír hubiese -solo- 1.000 menores, más de 60 serían LGTBI. Evidentemente, son más, muchísimos más. Hablamos de miles de adolescentes, niñas y niños sometidos a un infierno por su propia familia. Y lo saben, pero les da igual. Prefieren torturar antes que abrir los ojos y ver.

En todo caso, y por más que lo intenten, no pasarán. Porque la ley y la ética están de nuestra parte, no de la suya. Porque las familias no nos quedaremos ni calladas ni escondidas. Porque en España queremos una educación afectivo-sexual en diversidad de género y de familia en los centros educativos y no vamos a aceptar ni un paso atrás. Porque su lema no es suyo, sino nuestro y, quieran o no, tendrán que aprender y dejar en paz a los niños. A los propios y a los ajenos. Que todos tienen derecho a una educación respetuosa con la diferencia, precisa en la verdad y plena de derechos.

Es imposible contener una riada con las manos. Por pequeña que sea, el agua nos rebasará y seguirá su camino. Hoy los panfletos y exabruptos doctrinarios de sectores ultra buscarán esconder la realidad, pero las familias somos un rio caudaloso y vivo que se los llevará por delante. A ellos y a quienes pretendan justificar su odio. Y su miedo.

Porque tienen miedo. Miedo a cambiar, miedo a vivir. Varados en el siglo XIX, piensan que Mari Pepa sigue diciendo ¡Ay Felipe de mi alma! ¡Si contigo solamente yo soñaba! y que el chulapo aún responde ¡Mari Pepa de mi vida! ¡Si tan sólo en ti pensaba noche y día!

Quede claro que soy amante de la zarzuela y que La Revoltosa me encanta. Pero, hoy, Mari Pepa es madre sola porque así lo quiere ella y Felipe… Bueno, Felipe ha empezado una relación poliamorosa con una guardia civil y un corredor de maratón. Y por la sonrisa que luce, juraría que es muy feliz.

 

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