Nos encontramos en un momento decisivo. Tal vez el más decisivo desde que se aprobó el matrimonio homosexual.

Nos referimos a la implantación definitiva de la Ley LGTBI, que puede mejorar la infancia de muchos niños de sexualidad y género no normativos, una ley que por primera vez en la historia igual en derechos y representación a los ciudadanos Cis y Trans. El mes de enero ha sido elegido por todos los grupos parlamentarios para debatir sobre el texto definitivo de una ley que fue admitida a trámite por el Pleno del Congreso en septiembre de 2017  y que llegó a la Comisión de Igualdad el febrero pasado. Está tardando en ver la luz, paralizada en la fase de ponencias, donde cada grupo tiene que proponer y debatir en pro del texto final: “Necesitamos que sea un texto de consenso que cuente también con los partidos más conservadores porque, si no, va a terminar siendo una ley susceptible de desmontarse con cada cambio en el Gobierno”. Este es el objetivo de la gestación de una ley que pretende ser definitiva y que puede peligrar si el partido ultrahomófobo Vox entra en el Parlamento antes de ser instaurada.

“Queremos finalizar la redacción del texto en febrero y llevarla al Pleno en marzo”. Ese es el objetivo de la Comisión de Igualdad, que está viendo asomarse a lo lejos propuestas absolutamente opuestas, como la número 90 del programa del partido ultraderechista, donde defiende que unas familias son “mejores familias que otras”, y donde propone ilegalizar el matrimonio homosexual, rebajándolo a una “unión regulada de convivencia entre dos personas”.

Para este partido, incluso el Orgullo gay es una imposición ideológica del “lobby” LGTB. Denunciando a viva voz -en sus propias palabras- entre otros muchos aspectos del Orgullo:

1º La ampliación desproporcionada de esta celebración impuesta por motivos ideológicos que ocupa ya más espacio en el calendario que cualquier fiesta (…) 2º La utilización de las instituciones para promoción y apoyo de unos colectivos concretos utilizando recursos (…) de titularidad pública (…) 5º Las actividades claramente escandalosas en los lugares públicos a la vista de adultos y menores.

El partido se ha posicionado también, por supuesto, contra la Ley de igualdad LGTB, en concreto a la sección que incluye dar visibilidad y educar en el respeto a la diversidad sexual en las escuelas. Vox propone a los padres que hagan llegar a los profesores un Consentimiento Informado donde exijan explícitamente saber cada contenido que se muestre en las escuelas para poder mantenerlos alejados “de la corrupción de género”. Lo han llamado PIN Parental:

¿Puede la presión de Vox hacer que se tambalee la redacción de una ley que es la consecuencia del esfuerzo activista de cientos de personas durante décadas? Estamos en un momento en el que, o damos un gran paso hacia delante, hacia la convivencia y la tolerancia, o recibimos un gran golpe que nos lleve 30 años atrás.

Ahora más que nunca nuestra implicación en pro de nuestros derechos es inaplazable.

 

 

 

 

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