Lesbófobos del mundo, si ya estamos hasta los ovarios de aguantar tonterías, comentarios desubicados, actos discriminatorios, si nos hemos pasado la vida reivindicando nuestra orientación sexual y nuestro derecho a amar, si cuando hemos tenido hijos hemos luchado por la inclusión de nuestro modelo de familia, de dibujos, libros y circulares del cole diversas e inclusivas, ¿realmente pensáis que tenemos ganas de aguantar vuestra intolerancia cuando ya llegamos a la tercera edad?

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Pues no, obviamente no. Si tenéis algún problema con el amor entre dos mujeres tratadlo en una consulta psicológica, pero ya basta de amargarnos la vida.

Tal como se la han amargado a Mary Walsh, de 72 años, y Beverly Nance, de 68, que llevan 40 años siendo novias  y 11 siendo esposas.

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Esta pareja reside en Missouri. Ahí decidieron que lo mejor sería pasar sus últimos años en una residencia donde poder estar juntas y a la vez recibir los cuidados médicos necesarios.

Visitaron varias residencia. En la primera preguntaron si existía algún problema con el hecho de estar ellas casadas. Y el tipo me miró como si tuviera tres cabezas y dijo: ‘No, no tenemos ningún problema’. Me miró de manera tan extraña que nunca volví a hacer la pregunta”, cuenta Mary.  “Pensé: ‘Bueno, todo esto se ha resuelto con la Ley de matrimonio, ¿no es genial?’. Así que cuando visitamos Friendship Village (otra residencia) en varias ocasiones, nunca hice la pregunta».

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Escogieron Friendship Village, donde pagaron la reserva de dos mil dólares. A los días recibieron una carta del director de la residencia donde se les negaba el ingreso. La pareja dice que les dijeron que vivir juntos violaría la política de convivencia de Friendship Village que define el matrimonio como «la unión de un hombre y una mujer, como se entiende el matrimonio en la Biblia».

La pareja demandó, alegando discriminación en la vivienda, pero perdió el caso a principios de 2019. El tribunal determinó que el centro los había discriminado, pero que no era ilegal. Pero ellas no se quedaron ahí, será que la vida las ha curtido y les ha enseñado a luchar por sus derechos.

Después de un fallo reciente de la Corte Suprema en Bostock v. El condado de Clayton encontró que la discriminación contra las parejas LGBTQ estaba prohibida por las leyes de derechos civiles existentes, su caso fue restituido y ganaron la demanda.

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“Esta ha sido una experiencia desgarradora y espero que ninguna otra pareja del mismo sexo tenga que enfrentar. Bev y yo estamos aliviados de que este caso haya quedado atrás y de que tengamos un cierre después de que nuestras vidas se vieran sumidas en el caos «.

Nos alegramos mucho. Luchas como estas son las que nos allanan el camino a las lesbianas que aún somos jóvenes pero caminamos a la tercera edad.

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