Perseguir, rechazar y marginar al gay es una de esas tradiciones de “toda la vida” que sigue tan viva hoy como ayer.

Hay comportamientos homosexuales que se toleran siempre y cuando no incluyan a los gais. La construcción familiar es uno de estos y, mientras se acepta para otras personas, a los hombres homosexuales se nos niega la posibilidad de fundar una familia como deseemos.

Ser gay y ser padre es difícil.

No porque los gais no podamos ser padres. No porque no tengamos intactas nuestras capacidades reproductivas. No porque no deseemos, como la mayoría de los seres humanos, crear nuestra propia familia.

Ser padre siendo gay es difícil porque las leyes, reiteradamente, nos privan de esa posibilidad.

La gayfobia, a la hora de hablar de derechos reproductivos, es hoy una realidad palpable incluso en países donde, dicen, se respetan los derechos del colectivo LGTBI+.

Ucrania regula la gestación subrogada (GS) solo para parejas heterosexuales. Así está la legislación en las ex repúblicas soviéticas, lugares donde ser gay es un pecado que no merece respeto alguno. Pero esta política no es exclusiva de países homófobos.

Grecia tiene regulada la GS desde 2002. Modificó su ley en 2012. Nunca ha incluido familias homoparentales. El activismo del país lucha por que cese la discriminación.

Israel aprobó la GS en 1996. Descartando a los gais, por supuesto. Y, por supuesto, las organizaciones LGTB han batallado contra esta discriminación. El activismo lograba que, el pasado día 3 de agosto, el Tribunal Supremo israelí emitiese una sentencia histórica, una sentencia que considera discriminatoria la exclusión de homosexuales de las técnicas reproductivas, incluida la GS. El gobierno tiene un plazo de 6 meses para modificar la ley y hacerla inclusiva.

El último ejemplo de esta gayfobia lo ha dado Portugal. El día 1 de agosto de este año ha entrado en vigor la ley que regula la GS en el país vecino. Negando el acceso a ella de los  homosexuales. De nuevo los gais quedamos fuera. Por ley. En pleno siglo XXI y en un país que reconoce el matrimonio igualitario, pero que niega derechos que sí se conceden a los heterosexuales. Una y otra vez discriminados por ser lo que somos, por ser como somos.

El siguiente capítulo de esta fobia al gay lo escribirá, si nadie lo remedia, el Congreso de los Diputados de España, cuando en otoño se plantee aprobar la llamada Ley de Igualdad LGTB. Una igualdad que niega a gais y personas trans el derecho a tener hijas e hijos mediante medicina reproductiva. Gayfobia. Transfobia. Con refrendo legal. El proyecto de ley, presentado por la Federación de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), nos impide el acceso a las consultas de reproducción, dejando a muchísimas familias LGTBI+ sin cobertura legal y a nuestras hijas e hijos sin reconocimiento alguno. Es el mismo espíritu de la ley portuguesa, pero presentado con otro envoltorio. El de la Igualdad.

Israel modificará la ley y, a buen seguro, pronto Portugal seguirá el mismo camino.

Hace unas semanas, en Argentina, una jueza autorizó la gestación subrogada solicitada por un matrimonio de hombres. La magistrada resaltó que, en Argentina, “el acceso a las TRHA es un derecho fundamental”, ya que constituye el apoyo científico-tecnológico para la “tutela efectiva del derecho a intentar procrear de personas que sin dicha posibilidad no podrían llevar a cabo su proyecto parental, en igualdad de condiciones con los demás”.

No parece que España vaya a transitar esa senda. A diferencia de lo que sucede en otros países, donde las federaciones LGTBI reclaman equidad y acceso a tratamiento médico reproductivo para todas y todos, aquí es la propia FELGTB quien propone que a gais o trans se nos niegue la posibilidad de recurrir a la medicina para tener a nuestros hijos.

Es igual. Nada de lo que hagan parará a las familias, ya de por sí habituadas a reclamar igualdad y respeto en todos los ámbitos. Las trabas, los obstáculos, incluso las agresiones verbales o físicas, solo nos harán levantar con más orgullo la cabeza y combatir con más ganas por nuestro derecho a fundar una familia (Art. 16 de la Declaración de los Derechos Humanos).

Nuestro derecho a ser padres.

Nunca dejéis que os obliguen a renunciar a él.

Nunca dejéis que os digan cómo crear vuestra familia.

Nunca dejéis atrás vuestros sueños.

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