O.G nació en 1982 como una niña en Alemania y fue registrado con el nombre femenino de B.D, nombre que él cambió en el año 2010, cuando tras una resolución judicial, se le reconoció legalmente como hombre.

A medio camino decidió suspender su terapia hormonal para poder recuperar la fertilidad. Gracias a un donante de semen y una inseminación, O.G dio a luz un niño en 2013.

O.G intentó inscribir a su hijo como padre, no como madre, pero un juez no le dio la razón, puesto que había sido él quien le había dado a luz y por ende debía ser registrado como su madre con su nombre antiguo, el de B.D.

O.G siguió luchando y llevó su caso al Tribunal Supremo alemán, quien después de años ha dado ya su resolución.

La corte ratificó la decisión tomada por un tribunal inferior y ha declarado que la maternidad y la paternidad no pueden ser intercambiados «a voluntad»

El Supremo asume los derechos y deberes de una persona a la que se ha reconocido judicialmente el cambio de sexo, pero considera que la maternidad y la paternidad, determinados biológicamente por el parto o el engendramiento, no pueden ser intercambiables a voluntad.

Tras estimar que no se vulneran los derechos de la persona transexual, recuerda que el Constitucional reconoció el derecho de los hijos a conocer la identidad de sus padres biológicos y estima que el registro no debe proporcionar información sobre la transexualidad de uno de los progenitores.

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