Santa Cruz de Tenerife. A las 5.30 horas del lunes 24 de octubre de 2016, Lorena Reyes, golpeada y herida por arma blanca, se precipitaba al vacío mientras huía de un cliente. Lorena tenía 32 años, era de origen sudamericano y se dedicaba al trabajo sexual.

Los periódicos se hicieron eco de la noticia y algunas crónicas, olvidando que a las personas no las definen los genitales, se refirieron a ella como “hombre”. Carla Antonelli reaccionaba indignada en twitter: “Vergüenza ajena, rabia y repugnancia que medios de comunicación traten a Lorena de ‘hombre’ tras su fallecimiento cuando huía de su asesino”.

Pocas cosas más se han sabido. Lorena, como tantas otras Lorenas, es ya un caso judicial. La policía desmenuzará su vida, sus idas y venidas, su mundo de estos días. Luego habrá un juicio y habrá una sentencia y Lorena será una memoria difuminándose rápidamente entre nuevas y más frescas noticias.

Pero ¿quién hablará por la Lorena de carne y sueños?

Leyendo la noticia he deseado lo imposible. Haberte conocido, Lorena. Haber podido saber cómo fue tu infancia, tus primeras risas y tus primeros lloros. Cómo fue mirarte al espejo y verte mujer por primera vez. Comprender qué te impulsó a venir aquí; qué sueños atesorabas o cómo habías imaginado que podría ser tu vida. Amores, amantes, hijos,…todo lo que nos define como personas. Saber, Lorena. Saber de ti como esa mujer que un día estuvo llena de futuros. Saber algo más que “32 años, de origen sudamericano, se precipitaba al vacío mientras huía de…

¡Es tan fácil matar! A veces me sorprende lo simple que para mucha gente es dañar, destruir, destrozar.

El 31 de marzo, Día Internacional de la Visibilidad Trans, la Asociación Transgender Europe (TGEU) publicó una actualización de los resultados del Observatorio de Personas Trans Asesinadas. 2.016 homicidios, de personas trans y de género diverso. Con las cifras absolutas más altas en países con movimientos trans y organizaciones de la sociedad civil fuertes, que realizan algún tipo de monitoreo profesional. Dicho de otra forma, la ausencia de datos, en países sin seguimiento de crímenes, es para poner la piel de gallina porque donde ni se mira ni se quiere mirar… ¿qué estará pasado? http://transrespect.org/es/tdov-2016-tmm-update/

Y hablamos solo de muertes. Las humillaciones, violaciones, palizas…. Todo ello lleva un cómputo aparte.

La sociedad, esta sociedad nuestra, ha de asumir de una vez la realidad y parar, definitivamente, tanto dolor. Porque la causa profunda es una causa social. O mejor dicho dos. La incultura y la pervivencia de definiciones sociales que deberían haber sido desechadas hace mucho tiempo.

Como considerar la Transexualidad una enfermedad.

El pasado 22 de octubre se celebró el Día por la Despatologización Trans (International Day of Action for Trans Depathologisation) porque aún hay que reclamar que deje de ser considerada una patología, que se cambien las definiciones y, con ello, su manejo social. Las personas trans no son enfermas, pero hay que seguir insistiendo para que los organismo internacionales cambien esos conceptos trasnochados. Como el texto de referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ICD 10, que incluye a las personas transgénero en el grupo de enfermas mentales, en la gran categoría de trastornos de la personalidad y el comportamiento, justo a continuación de la pedofilia o la cleptomanía. Un despropósito que no tiene justificación en pleno siglo XXI.

El otro gran escollo para la normalización es hijo de estas consideraciones erróneas y su transmisión al ámbito escolar. La escuela no puede seguir siendo un nido de analfabetismo hacia las personas trans. Porque solo desde ahí, desde la escuela, hablando libres de libertad e igualdad, será posible modificar el futuro de muchos niños y niñas. Es ahí, en cada escuela de cada pueblo de España -y del mundo- donde hay que empezar a cambiar la vida de nuestr*s conciudadan*s. Donde las mujeres y los hombres del mañana han de impregnarse de derechos humanos y de derechos del niño.

La escuela debe tener como elementos educativos obligatorios la sexualidad y la diversidad sexual. Y eso, en España, solo puede ir de la mano de un cambio en los objetivos de la Ley General de Educación

Iniciativas para normalizar hay. Las últimas generadas por el Gobierno de Aragón o el de Baleares, que contemplan hechos tan básicos como que los niñ*s transexuales sean tratados en el colegio con el nombre y el sexo con el que se sientan identificados, o puedan usar los aseos y vestuarios con los que se sientan más cómodos. Sin necesidad alguna de informe médico o psicológico. Basta con que el menor o sus padres indiquen al centro su deseo de ser tratado con el nombre que se corresponde con su identidad sexual.

Importante avance, pero insuficiente. Se precisa un cambio profundo en los conceptos de igualdad y diversidad. Algo que nunca llegará sin una ley que contemple esas ideas como objetivos educacionales para los próximos años.

Lorena ya no lo sabrá. No sabrá si seremos capaces de cambiar el porvenir de nuestr@s niñ@s trans.

Lorena apenas será un número más en las lista de personas muertas.

Pero no la olvidemos. Ni a ella ni a los hombres y mujeres trans que cada día intentan vivir en un mundo que, por tradición, por inculta estupidez, les acusa de enfermos y les rechaza, les acosa, les maltrata. Les mata.

No olvidemos nunca que esos niños, esas niñas, podríamos ser nosotr*s. Que esas niñas y esos niños pueden ser, mañana, nuestras hijas e hijos.

 

El 20 de noviembre es el Día Internacional de la Memoria Transexual.

Donde quiera que estés, Lorena, un beso y buenas noches.

 

 

 

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