Preferían morir antes que regresar a Rusia, uno de los países más homófobos del mundo, donde con la excusa de “proteger a los niños”, la homosexualidad está criminalizada desde 2013, y el acoso y la “caza” de personas LGTB ni siquiera es castigada.

Ellos son Alexander y Nikita, de 19 y 22 años. Huyeron de Rusia y buscaron refugio en Finlandia, para poder vivir libremente su amor, para cosas tan básicas como poder pasear y besarse en la calle, cosas que en su país podrían propiciar su arresto.

El departamento de migración de Finlandia les negó el asilo, por lo que estos chicos, presos de la desesperación y el miedo de volver a Rusia, intentaron suicidarse. Subieron las escaleras del parlamento, en el centro de Helsinki. Y una vez allí se enterraron los cuchillos que portaban en el estómago.

Al comienzo la prensa los describió como dos inmigrantes desesperados, pero ahora se supo la historia de amor y desesperación que los empujó a intentar quitarse la vida.

“No podemos volver a Rusia a esperar si Finlandia admite el recurso y nos da finalmente asilo. Si regresáramos nos meterían a la cárcel o nos matarían por la calle. No buscábamos publicidad, preferimos morir antes que regresar a Rusia”, dijeron.

Ahora están a la espera de una nueva solicitud.

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