Las últimas semanas se ha encendido el debate de la adopción homoparental en Colombia. ¿Deberían los hombres gais y las mujeres lesbianas tener hijos? Suena absurdo, y lo es. Pero Colombia sigue siendo un país de mentalidad conservadora y machista. Aunque lentamente las fuerzas se van compensando y las mentalidades abriendo.

Hoy queremos contarte de Deborah Villegas, una joven mujer de 24 años, hija de dos padres gais, casada y madre de un niño. Ha decidido compartir su experiencia en el Congreso para frenar los prejuicios y apostar por la diversidad familiar.

Deborah Villegas y sus dos papás

“Vi lo de la adopción gay. Luego leí el proyecto de Viviane Morales y cuando me encuentro con cosas como que los hijos de las parejas homosexuales son distraídos en el colegio, que son personas que no rinden académicamente. Y yo pensaba, ¿cómo así?, si a mí me iba súper bien (…). La sexualidad jamás te va a definir como buen o mal padre. Eso no te impide guiar bien a otra persona. Si dicen que los padres heterosexuales son tan buenos, ¿entonces por qué la sociedad está como está? No digo que mi familia sea perfecta, o que por ser homosexuales sean mejores. No, somos como cualquier familia”, dice Deborah.

Una historia de amor

Jorge Villegas era padre soltero de Deborah. La madre biológica no quiso asumir el rol y dejó a la bebé recién nacida con su padre. Dos años después Jorge se enamoró de Vladimir Suárez, quien a su vez se enamoró de la pequeña y asumió como su otro papá, o “papá 2″, como lo llama su hija. “Siempre hubo demasiada empatía. Me enamoré de ella desde la que vi. Era una niña demasiado despierta e inteligente”, afirma Vladimir.

Muchas de las críticas sociales que reciben las familias homoparentales se relacionan con el bullying que pueden sufrir los niños o con la falta de una figura materna o paterna. Deborah responde a esos prejuicios:

“Ellos siempre fueron muy sinceros y me dijeron, esta es tu familia. Nunca sentí que fuera algo diferente o único. Nunca recibí comentarios en el colegio. Pero había fechas como el día de la madre, entonces me ponía a pensar: ‘¿a quién le doy el regalo?’ Y por ejemplo, si había que hacer un detalle y una carta, a uno le daba el regalo y a otro la carta”.

Vladimir coincide con su hija. Cree que el afecto y la sinceridad siempre estuvieron presentes en casa y por eso ella comprendió la situación desde que estaba muy pequeña.

“Ella nunca preguntaba por su mamá. Nunca se sintió mal por eso, no era una niña que estuviera deprimida, que tuvieramos que pagarle un psicólogo. No llegamos a decirle: es que tu papá y yo somos pareja, porque lo vio normal. Dormía con nosotros, se bañaba con nosotros, y a donde fuéramos siempre iba con nosotros”.

“No tuvimos que enfrentar con los niños ese tipo de temas. Nunca se preocupaban por preguntar esas cosas”.

La falta de figura materna tampoco fue un impedimento para que Deborah fuera feliz. Su abuela siempre estuvo pendiente, pero según explica Vladimir, nunca la vio como a una mamá. Era “la abue”. Con las clientas de siempre de la peluquería de su papá Jorge, pasaba algo similar. Con el tiempo, pasaron a ser las “tías” que se iban a cortar el cabello y arreglar las uñas.

“Vivía rodeada del cariño de nuestros amigos. La veían como a una sobrina más”, resalta el papá.

En este vídeo puedes ver la intervención de Deborah en el Congreso, que nos recuerda a la hermosa carta que un adolescente argentino envió al congreso para defender a su padre gay y a las familias diversas.

 

Fuente: KienyKé

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