Cuando Natalia no le respondió el teléfono en toda la mañana, Marta supo que las cosas no iban bien. Aprovechó la hora de la comida para ir a casa y ahí, en la cama, encontró a su mujer desganada.

“Era el cuarto intento que hacíamos para ser madres a través de una inseminación artificial. Es tanta la ilusión y las ganas que pones en cada proceso que cuando las cosas no salen bien te vienes abajo y ya no te dan ganas de seguir intentando”, nos cuenta Marta.

En la pareja, aunque ambas querían ser madres, era Natalia quien tenía el anhelo de vivir el proceso del embarazo. En ese momento tenía 38 años y un estilo de vida saludable, no obstante, las inseminaciones artificiales no lograron el esperado objetivo.

“Llevábamos varios meses con el proceso y las ganas. Pero después de la cuarta vez que no pasaba nada pensamos en abandonar. Pero los médicos nos recomendaron que probáramos la fecundación in vitro, así que nos lanzamos”.

La fecundación in vitro (FIV) es uno de los procedimientos a los que mujeres heterosexuales y lesbianas se someten para conseguir un embarazo, y consta de las siguientes etapas:

  • Estimulación ovárica: a través de unas inyecciones diarias conseguimos que en lugar de que nuestro ovario produzca un solo óvulo, sean varios los ovocitos que se producen, posibilitando así que se obtenga un mayor número de embriones.
  • Punción: si el tamaño de los folículos es el correcto (se comprueba a través de una ecografía) y hay una cantidad de óvulos adecuada, se inyecta la hormona hCG, que induce la maduración ovocitaria como en cada ciclo natural, y 36 horas después se extraen.
  • Fecundación de óvulos: se inseminan los óvulos con el semen del donante.
  • Cultivo embrionario en laboratorio: los embriones que resulten de la inseminación son evaluados día a día y clasificados según su morfología y capacidad de división.
  • Transfer: los mejores embriones se implantan en el útero materno. El proceso no es doloroso, es rápido y no necesita sedación.
  • Vitrificación de embriones restantes: los embriones de buena calidad que no fueron transferidos al útero se guardan por si son necesarios en un siguiente ciclo, sin necesidad de recurrir a todas las etapas anteriores.

En el siguiente vídeo se explica todo claramente

Marta y Natalia esperaron un par de meses pare recuperar el ánimo y comenzaron el tratamiento FIV. “Yo recomiendo a las mujeres que no pierdan las esperanzas. Los procesos a veces son largos, y las malas noticias dolorosas, pero cuando por fin lo consigues es espectacular. Es como cuando te enamoras y estás en una nube de felicidad… Vamos a ser mamás”, nos cuenta Marta, que junto a su esposa es madre de Noa y Cayetana, sus mellizas de 22 meses.

Para más información sobre el tratamiento FIV, financiamiento o pedir una cita, pincha aquí.

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