Ha costado mucho en Italia. A la oposición de los partidos de derecha (algo a lo que estamos acostumbrados), se sumaba la presión del Vaticano para que no se celebraran las bodas civiles entre personas del mismo sexo.

Pero el amor gana. Y ganó. Ayer la alcaldes de Roma, Virginia Raggi, casó civilmente a la primera pareja gay. Francisco Raffaele Villarusso, pintor de 43 años y Luca De Sario, bailarín de 30. 

Llevan seis años de relación y aseguraron a la prensa estar muy felices porque por fin podían celebrar su “fiesta del amor”.

“Cuando hicimos el pedido, en junio, había más de 100 parejas en lista de espera. Sabemos que con esto abrimos un camino: ya hay más de 400 pedidos”, agregaron. “Los veo emocionados y justamente, este es un momento importante: nace una nueva pareja y una nueva familia”, les dijo Raggi. “Les deseo una vida intensa. Vayan adelante con la frente alta y diviértanse. El secreto es divertirse”, los animó la alcaldesa.

Roma se suma finalmente a otras grandes ciudades italianas donde se habían celebrado uniones civiles como Milán, Turín y Bologna.

Al dar el sí con la nueva norma, ambos se comprometen a darse asistencia mutua moral y material, además de convivir. Pero no están obligados, como sí en los matrimonios heterosexuales, a la fidelidad recíproca. Vaya cosa más extraña, ¿no?

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