Increíble que a estas alturas tengamos que estar comunicando noticias como éstas. La responsable del acto homófobo e injusto de turno ha sido la compañía aérea Southwest Airlines, que negó a una pareja gay y a sus tres hijos embarcar en su vuelo de Buffalo a Fort Lauderdale.

Todo sucedió el pasado sábado, justo antes de embarcar, cuando comienza a formarse la larga fila de personas que quieren subir al avión y el personal cede los primeros puestos a las familias con niños pequeños, para que se sienten todos juntos.

Grant y Sam Morse, una pareja gay casada, se dirigió junto a sus tres pequeños hijos a la fila de familias, pero no les dejaron a embarcar porque según el personal del avión ellos “no eran una familia”.

Los Morse insistieron. “Sí, lo somos. Son nuestros hijos”. Pero de nada sirvió. Los obligaron a salir del embarque de familias y, dentro del avión, los sentaron separados.

La familia ha denunciado a la aerolínea por el trato humillante y por haberles hecho sentir como criminales. Realmente una experiencia muy desagradable y cruel.

 

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