Nuestros niños son hijos de familias diversas. Hijos de dos mamás, de dos papás, hijos de madre o padre solteros. En su gran mayoría se trata de niños que han llegado al mundo gracias a la donación de gametos, donación de óvulos o de esperma.

La diversidad familiar es una realidad cada vez más cotidiana. No obstante el mundo sigue siendo patriarcal, y tenemos que seguir enfrentándonos a los modelos que intentan imponernos una familia tradicional compuesta por madre y padre. Incluso más allá de películas y literatura nos encontramos en el día a día con preguntas del estilo de: ¿quién es la madre?, ¿dónde está el padre?

La psicóloga Mercedes Landa trabaja en la clínica IVI y se ha especializado en diversidad familiar, y en ayudar a las familias a construir los relatos sobre los orígenes a los niños. La hemos entrevistado y aquí nos habla de diversidad, estudios, y todo lo que necesitamos saber:

¿Hace cuántos años trabajas en IVI y en qué consiste tu trabajo ahí?

Trabajo en IVI Bilbao desde el año 2006, dentro de la Unidad de Psicología y Apoyo Emocional desde el año 2013. Y me ocupo tanto de las pacientes como de las y los donantes. En el caso de los donantes, desde IVI tenemos clara la importancia de una buena valoración psicológica antes de empezar un tratamiento de donación, además de la tarea de ayudarles a entender y encuadrar bien qué es la donación, explorar su motivación, aclararles dudas que puedan surgir…

En cuanto a las y los pacientes, el trabajo de las psicólogas que trabajamos en clínicas IVI tiene como objetivo cuidar de su estado emocional además de ofrecerles información honesta y clara también sobre los procesos psicológicos y emocionales que se dan durante los tratamientos y ayudarles a afrontarlos.

Mercedes Landa, psicóloga de IVI, en una conferencia de los 10 años MíraLES

–  Casi todos los referentes culturales que tienen los niños son heteronormativos. ¿En qué podemos apoyarnos las madres lesbianas y los padres gays para educar a nuestros hijos en diversidad familiar?

Se trata de mostrarles que la realidad familiar es muy diversa y que no hay “un modelo único” de unidad familiar, sino que la diversidad es norma y es enriquecedora. Para ello, la primera recomendación sería poder hablar con vuestros hijos e hijas desde siempre y con naturalidad y normalidad del tema, poniendo a su alcance otros modelos familiares, incluido el propio, o sea el constituido por una pareja homoparental. Este “poner al alcance” puede ser a través de los cuentos que ya existen y que hablan de diversidad familiar o de modelos familiares concretos y diferentes. También conociendo y participando en actividades con otras familias homoparentales. Pero, sobre todo, ayudándoles a construir el relato, positivo, honesto y basado en el amor, de su propia historia. Eso sí, “nuestra historia” no empieza cuando nace el bebé; empieza mucho antes, desde el deseo de ser mamás y papás, -incluso desde nuestra historia de pareja, cuando la hay – e incluye la búsqueda de ese hijo o hija deseado, cómo y con qué ayuda contamos y, por supuesto, incluye también la donación.

De todas maneras y retomando la pregunta, otra de las cosas importantes que podemos hacer por nuestros hijos e hijas es mostrar también al resto de la sociedad y a todos los niños y niñas esa misma diversidad familiar. Especialmente, el acercarnos a los colegios, hablar con los profesores y participar de ese mostrarnos con naturalidad y normalidad puede ser una labor interesante que ayude mucho.

Con respecto a los orígenes, ¿cómo se le cuenta a un niño que no tiene padre y sí donante?

Como decía antes, con naturalidad y desde la diversidad: hay diferentes familias, muchas y muy diferentes, y la nuestra es una de esas muchas. En nuestra historia hay dos madres -o una, si es monoparental-, y además hay abuelos y abuelas, tíos y tías y todos aquellos que forman parte de nuestra vida. Y en nuestra historia hay, además un donante. No es que falte nadie (un padre), es que somos éstos. Y a partir de ahí, el relato de su historia de vida que, como decía antes, no parte de cuándo nacieron, ni siquiera de cuándo el óvulo fue fecundado, sino desde el deseo y la búsqueda previos. Es decir, el relato afectivo, que no olvida que tú naciste porque te quisimos.

– ¿Qué hacer cuando los niños se “obsesionan” con la figura de un padre/donante?

En primer lugar, comentar que cuando ayudamos a estos niñas y niños a construir bien el relato, la narrativa, de su vida no es esperable que se “obsesionen” con la figura de un padre o un donante que falte. Pero, por supuesto, no hay que temer o tratar de evitar u ocultar el tema del donante. Al contrario, como decía antes, hay que poder hablarlo y, sobre todo, estar disponibles para responder a las preguntas que les puedan surgir, desde la honestidad y la naturalidad. Lo que no sabemos no nos lo podemos inventar, aunque sí podemos hablarles de cómo decidimos nosotras que queríamos ser mamás, cómo fue el camino que recorrimos y también que, aunque la identidad del donante es anónima -al menos, por el momento- sí sabemos que se trata de personas que deciden donar sus gametos con la intención de que otras personas, como nosotras, puedan ser mamás y “encontrar” con su ayuda a sus hijas e hijos.

Hay algunos estudios de dudosa procedencia que aseguran que los hijos «sin padre» tienen más problemas de comportamiento y rendimiento escolar. ¿Qué piensas de esto?

Cuando hablamos de estudios sobre familias en las que no hay figura parental masculina un dato importante a tener en cuenta a la hora de valorar las conclusiones que aportan es siempre si el estudio distingue o no sobre cómo se ha llegado a esa situación “sin padre”. ¿Ha sido “por elección” –bien sea, MSPE (Madre Soltera Por Elección), bien sea, pareja homosexual femenina- o ha sido una situación sobrevenida, no elegida? Esta variable es determinante, ya que cuando es “sobrevenida” se ha encontrado que es más probable que confluyan ciertos factores de riesgo (como por ejemplo, el divorcio y la conflictividad entre los progenitores, la desventaja socioeconómica, las dificultades emocionales o mentales, como la depresión, en la madre…) que no aparecen como norma en los estudios sociológicos realizados sobre madres “solas” por elección o parejas homosexuales femeninas. Y son estos otros factores y no la “falta” de un padre o la orientación sexual de las madres los que realmente se han mostrado como más relacionados con los problemas de comportamiento, rendimiento escolar o desarrollo emocional de los niños y niñas que aparecen en los estudios que mencionas.

– Podrías contarnos más sobre los estudios que citaste el día que te conocimos, que hablan sobre lo bien que salen nuestros hijos?

Cada vez existen más estudios que muestran que los niños y niñas criados en familias donde no hay una figura parental masculina no presentan más problemas o dificultades que los criados en familias biparentales mixtas. Sin pretender ser exhaustiva en todos los estudios que existen, me gustaría mencionar que la propia Sociedad Americana de Psicología (APA) en su guía para profesionales sobre la crianza por parte de gays y lesbianas (Lesbian and Gay Parenting, 2005) señala que “no hay evidencia que sugiera que las mujeres lesbianas o los hombres homosexuales no sean aptos para ser padres o que el desarrollo psicosocial de sus hijos… se vea comprometido en relación con el de los descendientes de padres heterosexuales”. Y para hacer esta afirmación se basa en una revisión de los estudios científicos sobre el tema hasta ese momento. En la revisión de estudios realizada en 2014 por Manning junto con otros autores concluyen que los niños “que viven en hogares con padres del mismo sexo les va tan bien como a aquellos niños que residen en hogares con padres de diferentes sexos en una amplia gama de medidas de bienestar: rendimiento académico, desarrollo cognitivo, desarrollo social, salud psicológica, actividad sexual temprana y abuso de sustancias”. Y en ese mismo sentido, se encuentran una larga serie de estudios realizados por la investigadora Susan Golombok en colaboración con otros investigadores y que recoge en sus diferentes publicaciones, particularmente el libro “Familias Modernas”. La doctora recoge que “en conjunto, parece que las madres lesbianas tienen hijos equilibrados”. Aunque también señala que el principal problema de estos mismos niños y niñas es el riesgo de encontrarse en ocasiones con ciertas actitudes estigmatizadoras por la orientación sexual de sus madres. Es cierto que estas actitudes cada vez son menos frecuentes y que, además, las madres podéis -y, de hecho, soléis hacerlo- protegerles ofreciéndoles maneras constructivas de enfrentarse a ellas; pero también es cierto que quizás éste sigue siendo aún hoy el gran reto en lo que a diversidad familiar se refiere: visibilizar y normalizar en la sociedad en general lo que es ya un hecho, que las familias son diversas y que la diversidad es la norma.

 

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