Por supuesto «Distinto a los demás» (Anders als die Andern) no sobrevivió al nazismo. Ninguna libertad humana lo sobrevivió.

Se trataba de la película, dirigida por Richard Oswald, sobre un violinista llamado Paul Korner que se enamora de uno de sus alumnos y acaba envenenándose ante la presión de un chantajista que le amenaza con visibilizar su homosexualidad. Llegó a proyectarse en pantalla grande en 1919 en Alemania, entonces una República pacífica y en plena revolución de las libertades en el mundo del cine. Y tuvo un gran éxito, mostrándose en 40 salas del país. Magnus Hirschfeld, un famoso sexólogo alemán y visible defensor de los derechos homosexuales, estaba detrás de esta revolucionaria historia, la cual escribió junto al director e donde se interpretó a si mismo. Un film que es todo un hito en la historia LGTB que incluye en la narrativa a personajes como Tchaikovsky u Oscar Wilde y que muestra también, y con mucho tacto, la vivencia de los padres del protagonista al descubrir la orientación sexual de su hijo. -Acuden al doctor Magnus y este les explica que la enfermedad no es la homosexualidad, sino la homofobia: “No debe pensar mal de su hijo porque sea homosexual. No es a él a quien hay que culpar de su orientación (…) Su hijo no sufre por su condición sexual, sino por el equivocado juicio que se hace de la misma. Sufre por la condena legal y social de sus sentimientos (…) La persecución de los homosexuales pertenece al mismo triste capítulo de la historia de la humanidad que la persecución de los herejes o de las brujas (…) Es una violación de los derechos fundamentales del individuo”.

Se la considera la primera película de amor gay de la historia (aunque 3 años antes Vingarne contaba la historia de un triángulo amoroso entre dos hombres y una mujer) y una de las películas más activistas y valientes de la primera mitad de siglo.

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Al año fue prohibida al considerarse que amenazaba el artículo 175 del Código Penal que condenó -y lo haría hasta 1994- la homosexualidad con penas de cárcel.  Tanto el público conservador que llegó a pitar la película en varias proyecciones, como la revista gay Friedrich Radszuweit, que denunciaba que reproducía el prejuicio de que los gays son afeminados (!!!), celebraron tan triste prohibición.

Los nazis quemaron todas las copias y negativos pero sobrevivió una versión, que ha servido para restaurarla a día de hoy, donde se proyecta en la exposición de su centenario en el Museo Schwules, donde también se muestran las cartas de agradecimiento y admiración que Magnus recibió de alguno de los espectadores de la película, incluso alguna de padres de chicos homosexuales que afirmaban que entendieron a sus hijos gracias a la película. Desgraciadamente las escenas en que aparece Oscar Wilde o Anita Berber, la actriz más famosa del momento que hacía de hermana del protagonista, se perdieron para siempre entre las llamas de los nazis.

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