Liliana es una cubana madre de dos varones. El primero de ellos, Mauricio, tiene 11 años y es de su primer matrimonio. Álvaro, el más pequeño, lo parió Lucía y es el hijo de las dos.

Acerca de lo que ha significado para Liliana ser madre, en especial al asumir la maternidad de su segundo hijo junto a Lucía, versa este testimonio:

“Cuando Álvaro llego a mi vida, su mamá, Lucía, tenía tres meses de embarazo. Seis meses antes nos habíamos separado aunque nos amábamos. Yo volví porque supe que estaba embarazada y sola y desde dos años atrás yo deseaba tener un hijo con ella. Mi interés era apoyar, yo tenía experiencia con el tema; me sentía capaz y podía también asumir la responsabilidad de criar el niño juntas.

Asumir juntas el embarazo
De esta manera llegó la nueva etapa para mí, madre por segunda vez. Fue difícil. Lucía no sabía muy bien cómo aceptar que estuviéramos nuevamente juntas y esperando un hijo. En ocasiones me preguntaba si había hecho lo correcto. Yo estaba feliz con nuestra relación pero a veces ella no me presentaba como su pareja.

Durante su embarazo, Lucía no siempre estaba alegre, se volvió muy exigente e inconforme y yo intenté de justificarlo con la gravidez. Siempre sentí que me quería, pero el amor que yo deseaba no se expresó inmediatamente sino que llegó con los meses. Su aceptación de que éramos dos y no una, arribó tiempo después. Confieso que para mí también fue un poco “raro”; pero la idea de volver a ser madre, de ir al ultrasonido, de acompañarla, de satisfacer sus antojos, y a veces dormir juntas y sentir esa gran panza en movimiento, me llenaba de amor.

El deseo baja pero el cariño sube
En ese tiempo casi no tuvimos relaciones sexuales, no por algún problema en su embarazo, sino porque Lucía sentía deseos solo esporádicamente. No obstante, éramos cariñosas entre nosotras, salíamos juntas, etc;  yo me sentía como su guardaespaldas, aunque nunca se lo he dicho, pero ahora que lo recuerdo era así.

La llegada de Álvaro fue acontecimiento importante para Mauricio. El conocía a Lucía desde que éramos amigas. Al principio yo no le conté lo que pasaba, solo le dije que ella necesitaba nuestro apoyo y que por esa razón yo hacía todo lo que podía. Cuando Álvaro llegó, él se sintió celoso, totalmente. Al principio era discreto, pero tenía gran curiosidad por conocer al bebé y una vez que lo hizo, quiso cargarlo, tenerlo en sus brazos. No tuvo miedo, con el tiempo lo reconoció como su hermanito, y así le decía a todos.

La única mujer en la sala de espera
El momento del parto será inolvidable para mí. El bebé llegó antes de lo previsto; recuerdo que yo estaba en mi casa preparando a Mauricio para ir a la escuela y recibí la llamada a las 7:00 am. Me puse tan nerviosa que hice preguntas tontas. Me fui al hospital. En el hospital no vi a otra mujer en mi situación.

Cuando llegué a la sala de espera solo habían hombres los que me saludaron, pero ninguno imaginó que yo también esperaba a mi hijo. Después de muchas horas en silencio, bajando y subiendo escaleras, mi compañero de espera me preguntó: “¿es tu hermana?” Él no podía imaginar que esa mujer era mi pareja. Yo internamente me enfurecí, pero tranquilamente dije: “no es mi hermana, es mi mujer y es mi hijo”. Él no dijo nada más. Pasamos 16 horas juntos. Más tarde me di cuenta que hablaba con otro hombre sobre mí, sus miradas las sentía como martillos. Al final de la noche,  todos esperábamos ansiosos a nuestros nuevos integrantes. Cuando mi hijo llegó, aquel hombre me miró sorprendido, y pude ver en su cara tanto asombro como felicidad.

Familia es Familia
Siempre van a existir personas que no podrán aceptar que existan familias con padres o madres del mismo sexo, pero puedo sentir que en el camino que vamos, con tantas personas poniendo sus pensamientos a la vista de otros, campañas, publicidad, filmes, etc., todo creará el cambio. No hay tal diferencia, familia es familia, y no hay nada anormal, la diferencia la inventan aquellos que desconocen esa felicidad de estar libres de prejuicios”.

Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez es licenciada en psicología de la Universidad de la Habana y máster en estudios de género y periodismo, entre otras especialidades de la comunicación. Colabora en muchos medios digitales y escribe ya más de 8 años en su blog Negra Cubana tenía que ser.

Fuente: Hablemos de Sexo.com

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