Madre con 40 años y soltera. Has pasado los últimos años cuidando de tus hijos, y has dedicado poco tiempo al amor y ahora no sabes ni por dónde empezar.

A estas alturas ya no tienes ganas de salir de marcha hasta las cinco de la madrugada y acudir a una discoteca llena de niñas, a las que les falta la mitad del pelo de la cabeza, donde la música te pone de los nervios y la bebida te provoca un terrible dolor de estómago al día siguiente.

Tus gustos han cambiado y lo que te apetece es disfrutar del día. Salir a cenar o tomar unos vinos, echarte unas risas, ir al cine, al teatro, a conciertos…

Pero claro, cómo y dónde puedes conocer a una mujer con la que compartir tu vida, que acepte a tus niños y que se encuentre en tu misma situación.

La mayoría de los eventos a los que has acudido estos últimos años eran organizados por las madres heteros, que conoces a través de tus hijos, por lo que las posibilidades de encontrar a un alma afín allí eran muy pocas, así que no te queda otra que ponerte las pilas y hacer más vida social con tus amigas lesbianas.

café con amigas

La primera opción es recurrir a las amigas, esas que tanto te aprecian y están dispuestas a prepararte varias citas a ciegas.

Otra posibilidad es apuntarte a una página web de citas. Las hay gratuitas, tipo Badoo, y de pago como Meetic o Edarling, pero eso de pagar por conocer gente…

También las nuevas tecnologías, en forma de aplicaciones para el móvil, tratan de hacernos la vida más fácil. Existen varias una apps, como Tinder, Wapa o LContactos que, una vez instaladas en tu teléfono, te permiten chatear con las chicas de tu entorno más cercano.

Hay diversas páginas web, gratuitas y abiertas, para singles con hijos y sin ellos, donde organizan quedadas tanto para salir a cenar como para realizar un sinfín de actividades durante los fines de semana, pero desgraciadamente aún no he encontrado ninguna de lesbianas. Lo bueno es que todo el que está suscrito tiene la opción de crear eventos según los propios gustos e intereses. Nunca es tarde para que seas tú la que organice un encuentro.

Y por último, siempre nos queda el destino. Que un día se cruce en nuestro camino la mujer adecuada y que salten chispas sin necesidad de nada más.

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