familias homoparentales

Tribunal Constitucional: «Necesitamos leyes para los hijos de parejas homosexuales»

Las familias LGTBI enfrentamos dificultades especiales para ser aceptadas en muchos países. Por eso, hace unas semanas, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, declaró que debe ser un objetivo de la Unión que se reconozca que «Si eres padre en un país, eres padre en todos los países». Sin embargo, la realidad es muy diferente, como denuncia el Tribunal Constitucional de Italia en una nota de prensa publicada el pasado 27 de enero.

«Necesitamos leyes para los hijos de parejas homosexuales».

Así de tajante ha sido la Corte italiana al dar a conocer dos sentencias, sobre familias homoparentales, que evidencian la desconexión existente entre ley y vida.

Ambas decisiones comparten un mismo inicio, la marcha a otro país para ser madre o padre, e idéntico final por la falta de actualización de la legislación.

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La primera sentencia es respuesta al Tribunal de Padua, que había planteado un caso de falta de protección en una situación de conflicto de pareja. En concreto, de una pareja lesbiana.

Valentina y su mujer tuvieron dos hijas mediante reproducción asistida (fecundación heteróloga con semen de donante) en Barcelona. Después la pareja rompió y Valentina fue excluida de la vida de sus hijas. Porque no es la madre biológica y no había podido reconocer a las niñas al nacimiento. Tras la separación, su ex pareja se negó a dar permiso para la adopción y no quiso que las niñas volvieran a verla.

Valentina se embarcó en un largo viaje judicial desde el tribunal de menores hasta el Tribunal de Padua. Nadie, en este periplo, ha encontrado base jurídica para dar respuesta al problema. Porque Italia no reconoce como válido el consentimiento que otorgó en España para la inseminación de su pareja.

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Al final, la Corte Constitucional ha declarado el asunto inadmisible ante la falta de disciplina legal aplicable al caso concreto.

«Estoy muy decepcionada, esperaba una decisión diferente», ha dicho Valentina, que ve cómo sus hijas están cada vez más lejos de sus abrazos.

La segunda sentencia versa sobre el hijo de una pareja gay. Nacido en Canadá, por gestación subrogada, el niño es reconocido allí como hijo de dos padres. Sin embargo, en la transcripción italiana del certificado de nacimiento ha perdido a uno de ellos, siendo sólo hijo del padre biológico.

En este caso, la cuestión de legitimidad fue planteada por el Tribunal de la Cassazione, el supremo italiano, ante la imposibilidad de aceptar en Italia como padres a dos hombres unidos civilmente.

También en esta cuestión el Tribunal Constitucional ha declarado inadmisible el caso, pese a reconocer que el marco legal vigente no asegura la plena protección de los menores. «El legislador deberá buscar formas más adecuadas de protección del niño nacido en el extranjero con la técnica de la gestación subrogada». Esta ha sido la clara advertencia del Tribunal a un Parlamento indolente que está tardando demasiado en asumir su obligación de promover y proteger los derechos de todas las familias.

Dos casos con un final que no satisface a casi nadie, pero que, pese a todo, abre una puerta al futuro. Porque la Corte considera urgente la intervención del legislador para garantizar una protección adecuada tanto a los nacidos por gestación subrogada como a los hijos de dos mujeres nacidos tras fecundación heteróloga.

Cuando el Tribunal afirma que «Necesitamos leyes para los hijos de parejas homosexuales» está diciendo que reconocer las nuevas formas de ser familia es inaplazable. En Italia. Pero también en España y en muchos otros países.

Esperemos que la clase política haga su trabajo. Porque niñas, niños y niñes de familias LGBTI+ no pueden seguir en el limbo esperando que alguien los mire y reconozca su existencia.