Frecuentemente había escuchado a amigos que volvían a Tailandia que la transexualidad está mucho más normalizada que aquí. Por fin me tocó a mi también viajar a uno de los paraísos del planeta y lo cierto es que en su capital principalmente, Bangkok, pude ver muchas mujeres transexuales – y hombres, aunque en menor medida- paseando por la calle, vendiendo fruta o siendo camareros de un bar. (Foto inferior: Kaona, economista transexual y fundador del Club LGTBIQ).

Pero bien se que las cosas no son siempre lo que parecen y quise investigar. Me encontré en internet la historia de Pet, profesora filipina que nunca había sido discriminada en su país de origen y que vivió con sorpresa y tristeza que, tras contratarla, un colegio decidiera retirarla a otro puesto de oficina -sin contacto con los niños- al descubrir que era transexual en el momento de presentar su documentación. Y es que cierto es que no hay ninguna pena o multa para la comunidad LGTB en Tailandia, al contrario que en otros países del sudeste asiático, pero tampoco hay legislación ninguna que permita a las personas transexuales portar su verdadera identidad en su DNI y en ningún otro documento oficial. Lo cual afecta también a sus estudios: en Tailandia también en los estudios superiores se porta uniforme conforme al género que aparezca en el carnet de identidad. De ahí que las personas trans puedan encontrar con facilidad trabajos dentro de la industria del entretenimiento, pero no les sea fácil acceder al resto.

Tailandia ha entendido que el turismo LGTB es un nicho de mercado incomparable, y activamente se autopublicita como un destino gay friendly, pero su burocracia es lenta, y cada cambio tarda décadas. Años han pasado desde que se propusieron dar una identidad legal a las personas transexuales; todavía hay un debate sobre si simplemente cambiar el nombre y género en la documentación oficial o crear un tercer sexo (concepto raro para nosotros, pero considerado desde tiempos inmemoriales en varias culturas como la oriental). Por contra, el país asiático ofrece operaciones de reasignación de sexo no solo económicas sino de calidad, y tiene un famoso concurso de Miss Universo para personas transexuales, además de ser el primer país asiático con una Ley de igualdad, destinada a proteger de cualquier discriminación por cualquier cosa relacionada con diversidad sexual.  

Pet decidió hacer algo tras la discriminación laboral que vivió, y empezó a escribir Beki y yo, sobre un niño que esá fascinado por una vecina sin saber que es transexual. “Los niños creen que eres lo que ven, para ellos no hay discriminación ni prejuicios (…) No hay barreras para ellos” explicaba recientemente Pet a El País.

Fotos: Walter Astrada

Fuente: Elpais

 

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