La noche del 10 de mayo en Mieres (Asturias), un joven fue sorprendido y agredido por un grupo de jóvenes que le atacaron sin mediar provocación alguna. La agresión comenzó con insultos homófobos, pero después el grupo de perpetradores aumentó el nivel de violencia y le agredieron físicamente, tirándole al suelo y propinándole golpes. A la agresión física y verbal hay que añadir que la víctima fue objeto de robo de diversos efectos personales.

Este tipo de agresión es conocida como “delito de odio” o “crimen de odio”, un tipo de delito que está adquiriendo cada vez mayor visibilidad en medios de comunicación, y redes sociales, y que cada vez es más visible para la sociedad en general. Pero ¿qué es exactamente un “delito de odio”?

Delitos de odio por homofobia o transfobia, una realidad vergonzosa para Europa

Una definición comúnmente aceptada es la que nos ofrece la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que entiende por delito de odio “toda infracción penal, incluidas las cometidas contra las personas o la propiedad, donde el bien jurídico protegido, se elige por su, real o percibida, conexión, simpatía, filiación, apoyo o pertenencia a un grupo. Un grupo se basa en una característica común de sus miembros, como su “raza”, real o percibida, el origen nacional o étnico, el lenguaje, el color, la religión, la edad, la discapacidad, la orientación sexual u otro factor similar”.

Dentro de todos los delitos de odio que se cometen en Europa, los motivados por homofobia o transfobia constituyen una parte muy importante. Sin embargo, la incidencia de delitos homófobos o tránsfobos en relación al total de delitos de odio no se puede dimensionar de forma total o comparativa, ya que muchos países aún no han tipificado en sus códigos penales este tipo de delitos, o bien no registran de forma específica la incidencia de delitos de odio en sus estadísticas. No obstante, para hacernos una idea de las dimensiones del problema, sí contamos con la percepción de la sociedad europea en general, y de las personas LGTBI en particular: según un estudio realizado en 2012 por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (que contó con las respuestas de más de 93.000 participantes de los países miembros), una de cada cuatro personas LGTBI afirmaban haber sido agredidas o amenazadas con ser víctimas de violencia en los últimos 5 años. La incidencia es aún mayor al acotar las respuestas de las personas transexuales participantes: una de cada tres fue objeto de violencia, agresión sexual o amenazas de violencia en durante los cinco años precedentes. Las agresiones a las que se ven sometidas pueden llegar incluso al extremo: Transrespect ha documentado el asesinato de 90 personas transexuales en 13 países europeos desde que comenzaron a recoger datos sobre agresiones tránsfobas en 2008.

Estos datos recogidos entre las personas que se autodefinen como LGTBI coincide con una percepción social generalizada de la discriminación que sufre este grupo a nivel europeo: según el Eurobarómetro 2012 sobre percepciones de la discriminación en la Unión Europeael 46% de los ciudadanos europeos percibía que la discriminación por motivos de orientación o identidad sexual era un fenómeno muy extendido. Se trata, junto con los discapacitados, de uno de los principales grupos percibidos como más discriminados por la ciudadanía europea, sólo por detrás de las personas de diferente origen étnico (el 56% considera que la discriminación está muy extendida en este caso).

Si nos centramos en los resultados del Eurobarómetro en España, vemos que las personas de diferente origen étnico siguen siendo las personas que sufren, según las personas encuestadas, una mayor discriminación (58%). La discriminación percibida en España hacia personas transexuales o con una identidad de género no coincidente con su sexo es superior a la media europea: un 53% considera que la discriminación está muy extendida hacia este colectivo en nuestro país. Sin embargo, la discriminación percibida hacia las personas homosexuales es menor a la media europea. Aún así, un 44% de los españoles considera que la discriminación por orientación sexual está muy extendida.

En el centro de la diana del odio

Más allá de las percepciones sociales, en España podemos hacer un análisis estadístico de la incidencia de delitos de odio, ya que contamos, desde hace dos años, con un informe anual específico sobre la incidencia de los crímenes de odio en nuestro país. Según el último informe sobre delitos de odio en Españaen 2014 se produjeron en nuestro país un total de 1285 delitos de odio, incluyendo no sólo delitos contra la comunidad LGTBI, sino también delitos racistas, antisemitas, contra personas con discapacidad o personas en situación de indigencia. De entre todos los delitos de odio cometidos en nuestro país, los delitos contra personas LGTBI (o percibidas como tales) suponen un 39’9%, siendo el grupo que ha sufrido un mayor número de agresiones motivadas por odio de entre las que han sido reportadas: un total de 475 agresiones fueron reportadas durante el año 2014. Los delitos de odio motivados por orientación sexual o identidad de género, junto los que tuvieron motivos racistas o xenófobos constituyen más del 75% del total de delitos de odio registrados en 2014.

Especialmente preocupante es la evolución ascendente de los delitos de odio en nuestro país: todos los grupos potencialmente destinatarios de delitos de odio han visto aumentar las agresiones desde 2013 a 2014. Es necesario tener en cuenta que el sistema que registra y contabiliza los delitos de odio está siendo mejorado y articulado, y que sólo contamos con los datos de dos años para establecer comparativas. De la misma manera, es cierto que muchos de las agresiones que corresponden a la categoría de delito de odio, o bien nunca se denuncian, o bien no son clasificadas como tales. En cualquier caso, el aumento de casi un 10% de delitos de odio cometidos en España, y entre ellos el incremento en un 13% de las agresiones motivadas por homofobia o transfobia, son datos contundentes y preocupantes que han de ser atajados por las administraciones públicas.

La tipología de los delitos cometidos es también un factor inquietante, puesto que revela que las agresiones más graves son habitualmente las más frecuentes: de todos los delitos cometidos en 2014 en España, casi un 14% fueron terminaron en lesiones. Tras este tipo de agresiones, un 12,2% de los delitos fueron registrados como abusos sexuales. Si agregamos esta cifra con las agresiones sexuales (6%) y agresiones sexuales con penetración (5,8%), encontramos que una de cada cuatro agresiones registradas fue de carácter sexual. Llama la atención en el informe que casi un tercio de las agresiones (un 31% del total) no han sido clasificadas en ninguna tipología de agresión.

El análisis de los delitos de odio desde el punto de vista del género es absolutamente abrumador: más de la mitad (54%) de todos los delitos de odio registrados en España han sido cometidos contra mujeres, y de entre todos los delitos que han victimizado a una mujer por razón de odio; el 58% se ha producido por su orientación sexual o su identidad de género. Son las mujeres las que han sufrido la mayoría de los delitos por homofobia o transfobia: un 72% de las agresiones tuvieron a una mujer como víctima. Con 401 delitos contabilizados, las cifras son apabullantes: casi 1 de cada 3 delitos de odio del total registrado en España ha sido cometido contra mujeres lesbianas, bisexuales o transexuales, o mujeres percibidas como tales.

El análisis por franjas de edad es también inquietante: a pesar de que las personas entre 26 y 40 años son el grupo etario que concentra el mayor porcentaje de víctimas de delitos de odio en España, más de un 25% del total de delitos de odio en nuestro país tuvo como víctima a un niño, niña o adolescente.

En cuanto al lugar de comisión de los delitos de odio, llama la atención que un 35% de los delitos registrados se produjeron en viviendas, de lo cual se puede inferir que, en muchos casos, el entorno de las víctimas potenciales de delitos de odio no es protector, sino todo lo contrario: en el contexto más cercano a las víctimas se producen un buen número de las agresiones motivadas por odio que han sido denunciadas. Aun así, muchas de las agresiones se produjeron en la vía pública y en espacios abiertos (34,5%) o en establecimientos destinados al ocio, la hostelería y otros (23%).

Delitos invisibilizados

De todos los delitos conocidos y registrados como delito de odio, tan sólo llegan a esclarecerse un 65,6%. En el caso de los delitos motivados por una orientación sexual o identidad de género no mayoritarias, encontramos un porcentaje de resolución por encima de la media: un 77,4%. Aun así, es llamativo el hecho de que casi uno de cada cuatro delitos homófobos o tránsfobos no ha sido esclarecido.

Andalucía (297), Cataluña (214), Comunitat Valenciana (119) y Euskadi (117) son las tres comunidades en las que se ha producido un mayor número de delitos de odio. Andalucía es también la comunidad donde más delitos de odio por orientación sexual o identidad de género se han cometido: de los 297 delitos de odio registrados en Andalucía 188 fueron agresiones contra el colectivo LGTBQ, o contra personas percibidas como tales por sus agresores. Cataluña, Galicia e Islas Baleares son las siguientes comunidades con mayor incidencia de delitos motivados por homofobia o transfobia, con 43 delitos en los dos primeros casos y 41 en el caso de Baleares.

Si analizamos la incidencia de este tipo de delitos por provincia, encontramos que Barcelona(142), Cádiz (132) y Madrid (102) son aquellas en las que se han registrado un mayor número de delitos de odio.

¿Cuál es el perfil de quienes cometen estos delitos? El informe sobre delitos de odio no deja lugar a dudas: en los casos en los que se ha podido identificar a los responsables de estos crímenes, se ha podido constatar que la mayoría (93%) de ellos son hombres, entre 18 y 40 años (57%), y de nacionalidad española (79%).

Identificar los delitos de odio, conocer cuál es su incidencia real y generar unos vínculos más fuertes entre los grupos sociales potencialmente vulnerables a estos ataques y los cuerpos de seguridad y administraciones públicas responsables de salvaguardar sus derechos son cuestiones clave en las que profundizar para dar una respuesta a los delitos de odio. A nivel europeo es necesario abordar, además, la tipificación y registro de delitos de odio en todos los países miembros. Esta cuestión es imprescindible para dimensionar a nivel transnacional la incidencia de estos delitos, establecer comparativas y diseñar estrategias de respuesta más allá de lo local o estatal.

Sergio Aguado Dívar

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