Hay películas que cuando finalizan te hacen reflexionar, otras te emocionan, con otras sientes indiferencia, pero sobre todo hay algunas que te sorprenden y que se convierten en joyas dentro de tu cabeza. Este es el caso de “Philomena”, un gran tesoro envuelto en película.

PhilomenaEl largometraje británico narra la historia de Philomena Lee, una mujer irlandesa que tras quedarse embarazada es obligada a dar a su hijo en adopción. 50 años después decide contárselo a su hija, quien a su vez contacta con un periodista en horas bajas, que les ayudará a conocer la historia de Anthony.

Podríamos transportar este drama hasta nuestros días, cuando son muchas las familias que denuncian y buscan a sus “niños robados”. Sucesos espeluznantes que tienen tintes de la más macabra novela negra, con ingredientes y detalles que nos deben avergonzar como sociedad. La justicia debería castigar a los culpables, aunque mucho me temo que en la mayor parte de los casos será imposible demostrar el delito.

Volviendo a la película que nos ocupa, y sin olvidar que se trata de un drama, cabe destacar los toques de humor que introduce el director Stephen Frears, ayudan al desarrollo de la historia y hace más liviano el sufrimiento de la protagonista.

Sin duda el peso de la trama recae en “Philomena”, magistralmente interpretada por Judi Dench. Esta “grande” consigue, no sólo con su actuación, sino principalmente a través de su mirada, transmitir la desesperación de una persona que, al final de sus días, persigue conocer la verdad sobre un suceso que marcó su propia vida.

PhilomenaCabe reseñar a Steve Coogan como otro de los grandes aciertos de la película. Es Martín Sixsmith, el periodista que ayudará a la protagonista a conocer el paradero de su hijo, dado en adopción 50 años atrás. La química entre los personajes permite adentrarnos en la relación que se crea a medida que avanza la historia.

Pero muchos os preguntaréis ¿y el componente gay? “Philomena” no es una película de temática propiamente dicha; pero sí que dentro de este drama aparece la homosexualidad que tiñe de tragedia la historia. “Anthony”, el hijo dado en adopción es la clave de todo ello.

No obstante, no os voy a adelantar nada porque el objetivo de esta reseña es el de que veáis la película, que se basa (que no lo he dicho) en una historia real. Así, las nominaciones recibidas en los Premios Oscar, Globos de Oro, Bafta y en los distintos festivales internacionales son solo la prueba de que aún se reconoce al buen cine, pese a lo muchos creen, porque no debemos olvidar que “la sencillez y la naturalidad son el supremo y último fin de la cultura”.

@crisda9delgado

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