Pacho era desde niño un gran amante del deporte rey. Jugaba descalzo por las calles de su Palmira natal, desconocedor de que años después estaría sentado en los mejores palcos de Colombia viendo su deporte favorito, desconocedor también de que intentarían matarlo en un campo de fútbol por medio de un acto terrorista que acabó con la vida de 17 personas y del que sobrevivió. Las malas lenguas dirían de él que en realidad no le gustaba el fútbol si no ver a los futbolistas en acción, porque muchas veces invitaba a los jugadores a las descomunales fiestas que daba en su casa. Posiblemente le encantaban las dos cosas. En su paso por la cárcel, Pacho se convirtió en un mecenas futbolístico, patrocinando varios campeonatos de fútbol dentro y fuera de la institución.

Más allá de sus aficiones y sus gustos de alcoba, Pacho Herrera se convirtió en uno de los capos más temidos de la historia de Colombia. Un capo calculador y despiadado.

De la pobreza le sacó un trabajo en una empresa de piezas de aviones en Nueva York, Nemac Corporation, pero en absoluto esto fue suficiente para él. Rápidamente encontró un trabajo mejor metiendo dólares en Colombia a través de ollas y maletas de cuero con doble fondo. Se hizo rico, pero tampoco le bastó. Quería poder. Y dio el salto al lavado de dinero y a la venta de cocaína bajo el ala del narcotraficante Chepe Santacruz. Empezó con 150 kilos nada más y nada menos: 350 mil dolares por su primer “trabajito” en la mafia. Pasó un año en la cárcel, pero le sirvió para tener tiempo para leer, una de sus pasiones, y volver a la carga.

Realmente esta historia podría ser la de cualquiera de los múltiples mafiosos sanguinarios de Colombia. Pero hay algo sorprendente en su historia. Era gay. Y no solo no lo ocultaba, sino que hacía ostentación de ello. No eran ni una época, ni un país ni un contexto muy gayfriendly que digamos, pero a él le daba igual, tenía un arma y todo el respeto de los otros capos del Cartel de Cali. Los escoltas de Pacho no solo eran valientes, también eran guapos, y una de sus funciones era la de acompañarle en sus fiestas y en su alcoba.

El guapísimo Alberto Ammann interpreta a este sanguinario personaje, con mucho arte y alguna que otra escena de pasión homosexual interpretada con mucho talento.

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