Dan Shinaberry sabe desde los 6 años que es gay. Lo supo durante un campamento de verano cuando fingió que no sabía nadar solo para conocer al socorrista. En octavo curso vivió su primera humillación en el colegio. Alguien le tiró por las escaleras “por vestir pantalones gays”. A partir de ahí, Dan decidió cambiar por puro instinto de supervivencia, para no sufrir, para que no le hicieran daño.

Dan se convirtió en un chico “corriente”, anuló por completo su personalidad y empezó a vestirse como lo harían el resto de sus compañeros heteros. Durante 18 años, Dan se estuvo engañando a sí mismo sobre su condición sexual.

El testimonio de Dan Shinaberry, publicado en Teen Vogue, es poderoso porque refleja una etapa por la que muchos homosexuales atraviesan durante la adolescencia. Un proceso de inseguridad, terriblemente doloroso, que obliga a los chicos y chicas a cambiar su forma de ser, su forma de vestir, solo para intentar encajar dentro de una ‘masa común’ socialmente aceptada.

 La heteronormatividad que propagan los medios de comunicación, las películas, los libros, la religión, la publicidad, algunas tradiciones o el propio lenguaje.

 

“Tomé la decisión de cambiar. Hice los ajustes. Me encorvé, cambié mi forma de caminar, mi forma de hablar, mi forma de vestir. Me convertí como el resto de la gente. Me convertí en ‘hetero’”, relata en el texto.

Al llegar a la Universidad, la cosa no mejoró. De hecho, empeoró. La mentira sobre su propia identidad no hacía más que dilatarse en el tiempo. “La universidad: una oportunidad para el cambio. ¿La tomé? ¡Claro que no! Yo seguía rodeado de mocasines y polos”.

“Me metí en una fraternidad, me liaba con chicas, llamaba a algunas cosas ‘gay’ —y cada mañana me levantaba puntual, me arrastraba hasta la ducha y lloraba. Me ponía mi disfraz y me preparaba para mi show”, relata en Teen Vogue.

Su vestuario consistía en una mezcla de bañadores con estampados ‘paisley’, sombreros de camuflaje y camisetas de la fraternidad. “Todo estaba calculado. Incluso iba al campus con mis gafas de sol colocadas de forma estratégica. Mi estilo personal era completamente impersonal.”

Dan expresa, con sus palabras, cómo se sienten o se han sentido muchos chavales acobardados por la vergüenza y el miedo de no atreverse a salir del armario. “Había clavado un agujero y estaba siendo enterrado por mi propia vergüenza”. Su situación, además, era más complicada por culpa de una familia católica y un entorno tirando a conservador que no sabía cómo se lo podían llegar a tomar.

Un día, finalmente decidió dar un paso al frente. Y acabar, por fin, con la mentira. Reconectarse con él y su propia identidad y volver a ser él.

Ahora Dan ha decidido compartir en la revista Teen Vogue el testimonio de su vida, del secreto que mejor guardó durante su niñez y adolescencia y que arruinó parte de su juventud. Sus palabras son necesarias porque inspiran y ayudan a que otros chicos y chicas LGBTQ puedan identificarse en esas mismas situaciones. E intentar salir de ahí y empezar a vivir.

Por PlayGroung –  vía Teen Vogue]

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