Hace unos días conocíamos la noticia del abandono de un niño, con síndrome de Down, por sus padres. Sucedía en Tailandia, en un proceso de gestación subrogada. Había sido una gestación gemelar. Una niña sana, que junto a sus padres había viajado a Australia. Un niño con tres cromosomas 21, descartado, dejado atrás con la mujer que lo había gestado y que asumió su atención y cuidado.

No debió suceder. Jamás habría sido posible si la legislación, el marco jurídico, hubiese sido el adecuado. No lo era.

Cuando los sistemas de protección fallan, se genera dolor, como siempre que se desvirtúa la ética y la legalidad.

Tan triste historia ha servido para que detractores del proceso se hayan lanzado al cuello de la gestación por sustitución. Al grito de “hay que prohibir la subrogación”, “hay que impedir que se regule y se desarrolle”, un rosario de afirmaciones sobre las maldades de esta técnica de reproducción asistida ha florecido en las voces más “cualificadas”.

Personas consideradas ejemplarizantes han hablado y opinado. Pero personas que no ven, que no miran. Que ni escuchan ni son capaces de oír. Que no han entendido nada.

Matar al mensajero nunca ayudó a nadie. Demonizar el medio por el cual un niño llega al mundo sólo es útil para invisibilizar el problema real: los padres.

Era estudiante de medicina la primera vez que olí el dolor de un niño en la urgencia de aquel hospital granadino. Sólo tenía dos años. Sobre el lado derecho de su pecho se marcaba nítido el triángulo, rojo y húmedo, de la punta de una plancha. Esa, y otras lesiones, trataban de ser justificadas con indignada palabrería por una madre que no debió serlo.

El tiempo ha pasado, pero en las urgencias sigo viendo niños, niñas. Los periódicos siguen publicando noticias…

…El matrimonio Leschinsky, residente en el estado de Colorado, EE. UU., es acusado de maltratos a sus tres hijas adoptivas… Un matrimonio de españoles, padres adoptivos de  tres niños colombianos, han sido denunciados por maltrato intrafamiliar… El hombre condenado a 13 años y seis meses de prisión por haber violado a su hija de forma reiterada entre 1978 y 1994… Una mujer de 18 años fue detenida en Alcoi (Alicante) la noche del miércoles tras confesar haber acabado con la vida de su bebé recién nacido… “Mi madre me quiere matar”, dijo Asunta en julio de 2013 a sus profesoras; su cuerpo muerto aparecía el día 22 de septiembre… Ángela González, víctima de violencia de género y madre de la niña de 7 años asesinada por su padre en 2003 en Arroyomolinos… El Síndrome de Münchausen por poderes, cuyos signos y síntomas aparecen en presencia de la madre, habitualmente la persona que ocasiona la enfermedad… Uno de cada ocho niños sufre abusos o maltrato…

No, no es el modo en que un niño entra en su familia lo que le convierte en carne de malos tratos. Hay malos padres y malas madres, que no saben cuidar de sus hijos o que les importan bien poco. Pero, sobre todo, hay padres y madres malos. Padres y madres capaces de abusar de su hijo, de apagar cigarrillos encendidos en su espalda, de traicionar su fe ciega desgarrando su piel, de dejarlos tirados en mitad de la calle. O abandonados, en Tailandia o cualquier otro lugar, si no cumplen las expectativas esperadas.

Todos los días, en todo el mundo, cientos de recién nacidos enfermos, infectados, deformes o malformados, son desechados. A veces sólo por ser del sexo femenino; a veces porque no se entiende su sexo. A veces sólo porque sí.

El maltrato infantil, la negligencia, el abuso, el abandono, se produce en todas las clases sociales, lo generan tanto hombres como mujeres. Y ocurre si el niño ha nacido a través de reproducción natural o gracias a una técnica reproductiva. Ocurre en niños adoptados o acogidos. Ocurre. Por acción o por omisión, que tanto duele una plancha ardiente como ver que tu padre te arroja de su vida sin mirar atrás. Porque hay padres que son malos, malas personas, malos de los adentros, predadores, desechos humanos capaces de actuar contra quien ni sabe ni puede defenderse.

Invisibilizar esta realidad, presuponiendo que hay vías de nacimiento, de creación de la propia familia, que son “peligrosas”, sólo sirve para que los niños de familias “seguras” sean abusados con toda impunidad, trasparentes al ojo que puede protegerlos. Dejados solos e ignorados en su dolor.

No, no se dan más casos de maltrato infantil en la subrogación. Las cosas no son tan simples.

Dicho lo cual, el abandono de este pequeño ha de servir para resaltar la importancia vital, absoluta, de una correcta reglamentación. No podemos evitarle a un niño que sus padres sean malos, pero sí tratar de asegurarle que la sociedad le protegerá de la mejor manera posible. Que la ley no permitirá que sus padres lo abandonen como a un trasto viejo. O que lo violen. O lo maten.

Las prohibiciones en reproducción promueven la marginalidad y lo que conlleva de deterioro de la dignidad y la vida humana. Eso deberíamos haberlo aprendido ya, después de tantos años de defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

La gestación subrogada debe ser regulada correctamente si de verdad queremos prevenir daños de todo tipo. Ordenada con una ley recta, clara y trasparente que, siempre, será el mejor sistema para evitar cualquier patrón de maltrato infantil. Ordenada como lo están la acogida y la adopción; ajustada como se han de ajustar los sistemas sociales y los protocolos para detectar los malos tratos que niños nacidos por reproducción natural sufren dentro de su familia y su entorno.

Aquel chiquillo granadino, con su pecho quemado, con sus hematomas, tendía los brazos y llamaba a su madre mientras lo alejaban de ella.

Que un amor así de incondicional sea traicionado, precisamente, por la persona que lo debería proteger y amar es algo que debe alertarnos a todos.

Quien piense que el problema es el niño, quien crea que la cuestión es cómo llega el niño a la familia, yerra por completo y puede ocasionar que algunos maltratadores pasen inadvertidos. Porque lograrán su objetivo con mayor facilidad si no son observados.

Abramos los ojos. Veamos a los niños. Y actuemos. Reclamemos la protección de la Ley. Por los niños. Contra los malos padres.

Contra los padres malos.

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