Los niños de ahora están muy cansados. Van al cole muchas horas, durante mucho tiempo y traen a casa muchos deberes.

Deberes a diario, deberes los fines de semana, deberes en vacaciones… ¿Qué pensaríamos los adultos si en nuestros trabajos no nos respetaran nuestros tiempos de descanso?

Las jornadas de nuestros hijos son más largas que las nuestras. No tienen tiempo para jugar, para remolonear o para aburrirse y esto es absolutamente necesario para que los pequeños puedan desarrollar su gran creatividad.

Estas son reflexiones de una madre que también está muy cansada. Cansada de que me arrebaten el tiempo libre que puedo disfrutar con mis hijos. Quiero ese tiempo para jugar con ellos, para dormir la siesta, para mirar juntos las musarañas; no quiero emplearlo en hacer deberes.

Y es que pienso que la escuela no es una entidad que tenga el poder de inmiscuirse en la vida familiar. El tiempo de ocio de los niños lo deben planificar los padres. La realidad es que con tantos deberes no podemos hacerlo.

En Europa tenemos un sistema educativo que carga a los niños con demasiados deberes.La ley educativa española no nombra los deberes en ningún sitio, muchos docentes desconocen esto y no se plantean la opción de dejar de poner tareas para casa. Parece que los deberes se incluyen obligatoriamente en el paquete de la educación escolar.

A favor de los deberes se dice que crean hábitos y rutinas en los niños y que mejoran el expediente académico.

En contra, todo lo demás:

  • Los niños no tienen tiempo para jugar y explorar libremente. El juego es imprescindible para el desarrollo del niño y para su aprendizaje.
  • La ausencia de juego y el estrés está produciendo en los últimos años muchos casos de depresión infantil, obesidad y fracaso escolar.
  • Los deberes acentúan las desigualdades entre familias, ya que muchos padres no pueden ayudar a sus hijos por falta de tiempo o de conocimiento. Igualmente algunas familias pueden pagar clases de apoyo para sus hijos y otras no pueden permitírselo.
  • Los deberes son repetitivos y aburridos; hacen que los niños pierdan su pasión innata por aprender las cosas de forma natural y sin presiones.
  • Los deberes provocan tensiones y disputas familiares. En ocasiones los niños están agotados y no quieren hacer las tareas, los padres nos sentimos presionados por las exigencias de los profesores y les obligamos a realizarlas, esto genera un malestar familiar que no se produciría si nos permitieran compartir el tiempo libre de nuestros hijos sin estas obligaciones.
  • Los deberes no dejan tiempo a los niños para realizar otras actividades deportivas o de ocio.

Mi conclusión entonces es que tenemos niños demasiado cansados, sentados en sus sillas durante muchas horas al día y durante muchos años. Además de esto los niños vuelven a casa con demasiada tarea, los deberes escolares nos roban a los padres tiempo para disfrutar con nuestros hijos.

Mayte Gómez González

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