El Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, COGAM, es una ONG española, con ámbito de actuación en la Comunidad de Madrid, constituida como asociación sin ánimo de lucro. Fundada en 1985, fue impulsora de la creación de la actual Federación Estatal de Gays y Lesbianas, FELGTB.

Su larga trayectoria, sus múltiples trabajos en defensa de nuestro colectivo, su quehacer sobre la educación sexual o el VIH, su afán de expandir el respeto, la igualdad y el feminismo son de sobra conocidos.

Precisamente por eso, ha sido foco de agresiones diversas a lo largo de su historia. La última este 3 de abril cuando su sede, en la madrileña Calle de la Puebla, ha aparecido cubierta de pintadas teñidas de odio.

Conocido es que cuando faltan razones veraces, la violencia ocupa su lugar. La explosión de odio, pergeñada sobre la cal de las paredes, representa esa falta de razones, esa sobra de un odio que se venía cociendo desde hace tiempo. Un odio alimentado por muchas y muchos que, desde prensa, púlpitos políticos y otros ambientes, lo han avivado como si no fuese una bestia dispuesta a embestir.

Las pintadas reflejan tres tipos de rabia.

La primera y más abundante, la inspirada por la transfobia, con frases como Queer es misoginia; Ley trans es misoginia+capital; Sexo ≠ Género; MI opresión no es tu identidad o Cuerpo equivocado = Patriarcado, etc.

Otro grupo lo integran las contrarias a la gestación subrogada, como Explotadores reproductivos o Compra bebés.

El tercer grupo son expresiones homófobas o, más concretamente, de gayfobia tipo Misóginos Que Os Follen; Feos y Bobos o Gaypitalismo.

Como toque personal y firma, en la fachada se lee «RadFem».

La noticia del ataque saltó pronto a redes sociales. Pero, por desgracia, no fue para ser condenado de modo unánime. Es más, las justificaciones progresaron a mayor velocidad que las condenas.

Porque cuando el odio ataca, la culpa no es del agresor, sino del agredido.

La acometida siempre se justifica y se ataca al gay por no ser lo bastante macho, al mendigo porque huele mal, a la mujer trans por ser un tío disfrazado, al niño obeso por ser una bola de grasa.

La agresión a COGAM -que algunos han pretendido hacer pasar por un acto de la ultraderecha- también se ha pretendido justificar y en Twitter, ese lugar donde odiar es santo y seña, un usuario cerraba el debate con un «son unas pintadas más que merecidas». Porque los actos vandálicos contra COGAM han sido por su culpa. Por defender la ley trans, por pensar que todas las familias somos iguales, por no hacer diferencias entre las siglas LGTBIQ+.

Pero no, la culpa no es de la Asociación. Es de quienes, a falta de argumentos veraces, recurren a la violencia y de quienes, desde sillones oficiales o puestos de influencia, mecen la cuna y luego miran al cielo como si no hubieran estado ahí soplando la llama.

El ataque a COGAM agrede a todo el colectivo. Ante él sólo cabe una postura: la condena sin matices y no entenderlo así retrata a la persona.

Tras el ataque, COGAM escribió en su Twitter:

Quiénes no tienen argumentos ni razón usan el vandalismo y la violencia. No nos parará en nuestro objetivo, que es la igualdad en la diversidad, quiénes quieren una sociedad estanca y a su medida.

Hoy, más que nunca, apoyo mutuo, solidaridad y activismo.

Sí, COGAM, ¡Hoy más que nunca!

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