Todos conocemos a alguien a quién leer esta noticia le alegraría el día (para explicarse muchas cosas) y a quién le daría mucha rabia, como por ejemplo ciertos políticos de extrema derecha.

Solo faltaba que un grupo universitario de investigación decidiera explorar los cerebros mononeuronales de las personas homófobas y sacara conclusiones que las personas LGTB, sobre todo las que hemos experimentado episodios de discriminación o simplemente desagradables, ya intuíamos.

Y así lo ha hecho la universidad australiana Queensland, según publica la revista Intelligence.

En el estudio participaron 11.500 personas, a las que se preguntó si estaban de acuerdo con que lesbianas, gays, bisexuales y transexuales tuvieran igualdad de derechos, los resultados datan de 2012 y 2015.

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Por otro lado estas personas respondieron a un test cognitivo para medir la inteligencia en base al coeficiente. Además un examen que mide la memoria y otro que mide daños causados por lesiones y caídas.

Se demostró que las personas con menos estudios y menor coeficiente intelectual eran los que menos a favor estaban en la igualdad de derechos del colectivo LGTB, así como quienes tenían mayor nivel de estudio y mayor coeficiente intelectual, apoyaban mayoritariamente la igualdad.

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«Existen correlaciones bien conocidas entre la baja capacidad cognitiva y el apoyo de actitudes perjudiciales o no igualitarias», sostienen los investigadores.

Ya en 2017 os contamos de los estudios de un médico italiano, sexólogo y endocrino Emmanuele Jannini y la Universidad de Roma Tor Vergata, que reveló que las personas homófobas puntúan más alto en niveles de psicoticismo que la media de la población. Este rasgo de personalidad no solo es propio de personas psicópatas, sino también de personas con bajo control conductual o con un alto desajuste social.

La conclusión de los investigadores fue también que  cuantos más recursos para afrontar situaciones desagradables y cuanto mejor manejo de la impulsividad y la rabia tuviera una persona, menos probable era que fuera homófoba.

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Y es que, como explica Jannini, «la homofobia es una enfermedad inducida por la cultura».

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