Adolescencia. Es esa etapa en la que nuestros adorables pequeñines desaparecen, aunque no queramos asumirlo, y nos da la sensación de que han sido abducidos por extraterrestres. Fuera de bromas, es una de las etapas más complicadas para los padres ya que se juntan muchos factores: los cambios hormonales y físicos y el cambio de carácter. Y hay que saber lidiar con ellos de la mejor manera posible.

adolescencia_padreEn esta etapa son muy comunes las discusiones y los conflictos entre padres e hijos ya que estos últimos se vuelven más rebeldes. Es un período de cambio para ellos, pero también para los padres, ya que tenemos que asumir que nuestros hijos empiezan a tener sus propias opiniones y a tomar sus propias decisiones. Comienzan a enfrentarse solos a determinados problemas y los padres debemos estar ahí no para imponer nuestro criterio, sino para animarles y aconsejarles. Y en el caso de que el adolescente se equivoque, algo completamente normal y que le ayudará a crecer como persona, los padres debemos estar a su lado para ayudarles a seguir hacia delante sin reproches innecesarios.

En esta etapa no hay que perder la autoridad, pero tendremos que combinarla con una gran dosis de comprensión. Está comprobado que cuantas más prohibiciones les pongamos, más harán ellos por saltárselas, por lo que hay que saber llevar cada situación de la mejor manera posible y saber ceder en las pequeñas cosas y ser firme en las que son verdaderamente importantes.

adolescencia_madreLa comunicación es fundamental en esta nueva etapa, especialmente porque es cuando los adolescentes empiezan a demandar cada vez más intimidad y a formar pandillas. Debemos respetar esa intimidad, pero no alejándonos de ellos. Tendremos que hacer todo lo posible para hablar con ellos de sus aficiones o preocupaciones, ya sea sobre música, ropa, deportes, amistades, sexo, estudios… Incluso aunque llegues cansado del trabajo o no tengas la más mínima idea de lo que te habla, ponte en su lugar y aprende a escucharle. Que tu hijo sienta que de verdad te preocupas por sus asuntos, no para criticarle ni juzgarle, sino para apoyarle. Que sepa que vas a estar a su lado cuando lo necesite. Incluso en los momentos en los que no estés de acuerdo con él debes siempre mantener la calma, sin gritos ni discusiones. Sólo así conseguiremos ser un apoyo para ellos.

De todas formas, cabe destacar que la educación que les proporcionamos a nuestros hijos viene de su nacimiento, por lo que es fundamental fomentar esa comunicación entre vosotros desde niños para que esta época sea después más fácil de llevar.

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