No hay nada más devastador que la homofobia institucional. Esa que viene desde los más altos cargos de poder de un país. Esa que te dice que aunque seas una persona igual a tu vecino o a tu primo, que pagues tus impuestos, y que contribuyas a tu país como cualquier otro ciudadano, no eres como los demás. Eres de una especie de segunda clase.

Países que aunque estén en Europa, continente en el que nos creemos muy modernos, parece que están viviendo en una realidad paralela con décadas de atrasos, y que publican leyes nefatas, y aunque aseguran que no ponen en riesgo la vida de personas LGTB, lo hacen, porque hacen dela homofobia una forma de vida.

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Desde que la extrema derecha gobierna en Polonia, lesbianas, gays, bisexuales y trans han perdido derechos y respeto, y el país se jacta de contar con «zonas libres de LGTB«. A tal punto que varias mujeres de la oposición al gobierno formaron una bandera arcoíris con sus vestidos como forma de protesta ante la LGTBfobia.

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El relevo de homofobia institucional lo ha tomado Hungría, que ha aprobado leyes que recuerdan a la súperpotencia homófoba Rusia, contra lo que se considera «propaganda homosexual».

Esto quiere decir que nada que hable de homosexualidad o transexualidad puede entrar en las aulas. Bajo esta ley fue multada una cadena de librerías por tener un libro que, por cierto, encanta a mi hijo de 3 años. «Temprano por la mañana», sobre un niño que de levanta a preparar el desayuno junto a su gato y que tiene dos mamás y una hermana. Simplemente eso. ¿Os parece suficiente como para una multa?

La Unión Europea ha reaccionado a esta homofobia porque pone en peligro la salud mental y emocional de los jóvenes LGTB, porque los deja sin referentes, abandonados a su suerte. 

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Desde Febrero que la UE está solicitando a Hungría y Polonia información detallada sobre sus medidas, pero ambos países no han cumplido el requerimiento. Ahora Bruselas les ha dado solo dos meses de plazos para que la entreguen, y así llevar a cabo un análisis sobre la incompatibilidad entre ambas legislaciones, las homófobas y las de la UE.

Lo más probable es que ambos países sean derivados al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.