Si eres algo novata en esto de la reproducción asistida como lo era yo hace unas semanas todo te sonará igual. Lees siglas como IAD o FIV y te parece que suena a un programa de la Nasa, ¿no?

Una vez que te vas familiarizando con los conceptos y los tratamientos ya puedes elegir el adecuado para ti y el que más podría ayudarte a conseguir un embarazo.

Mi mejor amiga y su chica han sido mamás hace cuatro meses por inseminación artificial. Lo consiguieron al segundo intento. Mi hermana tuvo a mis dos sobrinos por fecundación in vitro.

¿Qué llevo al equipo médico a diagnosticarles cada tratamiento? ¿Cómo sé cuál es mejor para mí? Te explico:

Inseminación Artificial con Donante (IAD)

Inseminación artificial con semen de donante. Es el tratamiento menos invasivo y más sencillo para conseguir un embarazo. Puedes iniciar o no un tratamiento de hormonas (si lo haces tienes más posibilidades) y cuando estés ovulando te introducen en el  útero una muestra de semen de donante (compatible y con los rasgos más parecidos a tí).

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La inseminación artificial es una muy buena opción cuando tienes una buena reserva ovárica, esto puedes saberlo con una analítica y una ecografía. Aquí tienes más información sobre un pack diagnóstico que te permite saber si tu chica y/o tú tenéis una buena reserva ovárica y ver quién es más fértil.

En IVI, una de las clínicas con mejores tasas de éxito del país, la IAD tiene un 25,7% de posibilidades de conseguir embarazo. Y una tasa de gestación acumulada del 56% al tercer intento.
Más información de la IAD aquí.

Fecundación in vitro (FIV)

Cuando la reserva ovárica es baja o la edad de la futura mamá supera los 38 años, cuando sufres de endometriosis, cuando hay una lesión en las trompas (o ausencia de ellas), cuando has pasado tres IAD sin conseguir embarazo, ¡la fecundación in vitro es tu solución!

¿En qué consiste? Después de entre 15 y 25 días de estimulación de los folículos a través de hormonas que podemos pincharnos nosotras mismas en casa (es muy fácil), nos citan un día en la clínica para realizar la punción ovárica, lo que quiere decir que nos extraen los óvulos usando una sedación general.

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Estos se fecundan en un laboratorio, y lo más normal es que se les deje desarrollarse durante cinco días, lo que se conoce como desarrollo embrionario. Se van viendo cuál es el de mejor calidad, se transfiere en el  útero y el resto los congelan.

La tasa de éxito en IVI es del 95% tras tres intentos.

En IVI existe además otra posibilidad de FIV, la llamada FIV Genetic, que nos permite analizar los embriones antes de transferirlos a nuestro útero para detectar alteraciones en su número de cromosomas. ¿Qué se consigue con esto? Reducir las posibilidades de aborto espontáneo y tener un bebé sano, sin enfermedades como el Síndrome de Down o de Turner, entre otras.

¿Ya tienes claro qué tratamiento es para ti? Si tienes más dudas, consulta aquí.

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