Hace seis meses conocimos una de las noticias más horribles e inaceptables que hemos dado. Campos de concentración para personas homosexuales en Chechenia. Sí, increíble, en pleno siglo XXI.

Hoy tenemos el primer testimonio de un hombre homosexual que ha tenido que vivir esta terrible experiencia.  Su nombre es Maxim Lapunov y es el primero que se ha atrevido a romper el silencio, a pesar de las amenazas de las fuerzas de seguridad chechenas.

Oriundo de la ciudad siberiana de Omsk, Lapunov está dispuesto a regresar a Grozni, la capital chechena, para identificar a los que lo torturaron y localizar las cárceles secretas donde supuestamente han sido recluidos durante los últimos meses los homosexuales.

“Hay otros gays que han denunciado torturas, pero sólo él estaba dispuesto a declarar públicamente. Lo que le diferencia es que él no tiene familia en Chechenia. Los familiares de los gays chechenes son rehenes de las autoridades y, si hay denuncia, sufrirán las represalias”, explicó Kochetkov.

Lapunov relató al periódico Nóvaya Gazeta, el iniciador en abril de las denuncias sobre las torturas y asesinatos de homosexuales en Chechenia, cómo fue detenido en un centro comercial en Grozni el 16 de marzo de 2017 y retenido por espacio de casi dos semanas.

Durante un primer interrogatorio fue acusado de instalarse en Chechenia para “seducir a chicos chechenes” y se le conminó a identificar a otros gays con los que mantenía relaciones.

No debería haber gente como tú en el mundo” o “Ni siquiera eres un ser humano“, le gritaban sus torturadores, que le golpearon con barras en un sótano encharcado en sangre, según su testimonio.

“Entraban cada 10 o 15 minutos gritando que yo era gay y que ellos me iban a matar“, recuerda ante una pequeña rueda de prensa en Moscú convocada por activistas de derechos humanos.

“Me pegaban con un palo durante mucho tiempo: en las piernas, en las costillas, las nalgas y la espalda. Cuando empezaba a desvanecer, me levantaban y continuaban”, dice en voz baja.

“Cada día me aseguraban que me iban a matar. Y me decían cómo”.

Lapunov también pudo ver cómo en la celda vecina le pegaban a un conocido suyo, un chechén, que fue detenido gracias a la información que él mismo proporcionó a sus captores, y entró en contacto con otro ruso, que fue también detenido por ser gay.

“Todo el tiempo que estuve en el sótano traían continuamente a nuevos detenidos. Escuchaba cómo les pegaban. Por las conversaciones comprendí que todos eran sospechosos de ser homosexuales”, indicó. Precisó que en algunos casos para arrancar las confesiones a los detenidos los guardas utilizaban descargas eléctricas.

Finalmente, fue puesto en libertad, “aunque apenas podía andar”, le obligaron a grabar en video una confesión en la que reconocía haber mantenido relaciones homosexuales, tuvo que poner sus huellas en una pistola y le dieron unos 100 euros y un billete de autobús con destino a Piatigorsk.

Me advirtieron de que si denunciaba lo ocurrido, lo pasaría mal. Me encontrarían, armarían un caso penal, me juzgarían y me enviarían a prisión. O simplemente tomarían represalias contra mí o contra mi familia”, rememoró.

De hecho, en mayo pasado varias personas de origen caucasiano se personaron en su pueblo, en la región de Perm (Urales), tras lo que supo que un gay ruso que había sido detenido y liberado en Chechenia, fue asesinado posteriormente.

Fuente: Infobae

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