Constantemente oímos hablar del maltrato en la pareja. Tanto físico como psicológico. Pero las formas que conocemos popularmente son las más violentas, las más obvias: Los insultos, las vejaciones, los golpes. Sin embargo, el maltrato es un camaleón con muchos colores. No es poco común darse cuenta de que has estado en una relación de maltrato cuando ya has salido. Mi objetivo con este artículo es ayudarte a identificar y prevenir una relación de maltrato.

Sin duda alguna, la estructura machista de la sociedad esta detrás de la violencia de género dentro en las parejas heterosexuales, pero eso no quita que el maltrato se de también en parejas del mismo sexo e incluso entre amigos o familiares.

Existe un tipo de maltrato que puede ejercerse sin llegar a la violencia física. Como el tormento de la gota: Gota a gota va erosionando nuestra voluntad hasta definirla a su imagen y semejanza.

Imagina que vas a quedar con unas amigas. Al decirle a tu pareja, se muestra triste e indignada porque tenía planes para vosotras. Realmente define vuestros múltiples planes tan de antemano que tu agenda no tiene espacio para nadie más. Cuando estáis en grupo, siempre te observa, se entromete si ve que tienes alguna conversación más intima con alguna de tus amigas o hace un drama si ve que te lo estás pasando bien sin ella. Cuando no le das la razón en un debate grupal o íntimo, se indigna y te devuelve que no has estado a la altura como pareja.

Poco a poco vas perdiendo la espontaneidad. Empiezas a sentirte culpable por todo. Te conviertes sin darte cuenta en su regulador emocional: Actúas con el único propósito de que no se indigne o angustie. Tus momentos de calma en esta relación son cada vez menos frecuentes.

Este es un tipo de maltrato tan sutil que nos puede ocurrir a todos, por muy empoderados que creamos estar. Y no es el único. Para identificar con claridad si estamos dentro de un vínculo destructivo, descubramos cuales son las bases del maltrato:

  1. La persona que maltrata se quita toda responsabilidad de sus propios actos y emociones

Resulta irónico, pero suele ser el maltratador el que se coloca en la posición de víctima.

Por ejemplo, cuando se siente frustrado o angustiado por algo, drena sus emociones y evade sus responsabilidades culpando a la otra persona: “Me sacas de quicio”, “No te soporto”. “Cómo has podido dejarme en ese momento”, “No me entiendes”  son las típicas frases con las que elude su dificultad para autoregularse y hacer introspección así como la responsabilidad de aceptar que las cosas no son como querría.

  1. La persona maltratada se siente culpable

La distorsión del vínculo lleva a la persona maltratada a sentirse responsable de los arranques de violencia o menosprecio de su pareja. Asume sin darse cuenta la función de regulador y receptor de las emociones negativas de la otra. De ahí que, para deshacer la disonancia cognitiva, les quite gravedad y magnifique los buenos momentos “En realidad es buena persona, solo que un poco impulsiva”. “No piensa lo que dice”, son frases típicas de una persona que ha asumido inconscientemente este papel.

  1. El maltratador necesita, consciente o inconscientemente, anular a su pareja.

Los celos están casi siempre presentes en una relación de maltrato. Suelen representar la incapacidad de la persona de asumir la felicidad y libertad de su pareja más allá de si mismo. Confunde la independencia de la otra con su abandono. Verle ejercer su autonomía disparará todas sus alarmas y miedos por lo que, consciente o inconscientemente, le acusará de traición.

  1. La persona maltratada sufre de “indefensión aprendida”

La persona maltratada no recibirá las vejaciones, amenazas, enfados, dramas, etc, por algo que haya podido hacer, sino porque la persona maltratadora se siente rabiosa y lo está pagando con ella. Es decir, es el estado emocional inestable de la maltratadora el que define los momentos de explosión. Es por eso que haga lo que haga la persona maltratada, no conseguirá nunca calmar a la otra. Por mucho que se adapte o someta a su pareja, siempre recibirá el mismo trato, lo que le hará sentir impotente y dudar cada vez más de sus actos y palabras.

  1. La personalidad del maltratador no tiene consistencia entre lo que dice y lo que hace

El famoso refrán de “Juzga a la gente por sus actos, y no por sus palabras” adquiere todo su sentido en una relación de maltrato. Para una persona que manipula psicológicamente pedir perdón no significa lo mismo que para una persona que basa sus relaciones en el respeto. No es que no lo sienta, pero sin duda no hay una correlación actos-pensamientos a medio plazo. Nada asegura que no vuelva a hacer lo mismo pues solo con ayuda psicológica o con distancia se puede romper la dinámica impulsiva de un maltrato.

Rocío Carballo

Psicoterapia on-line y presencial

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