Andrés Gioeni es famoso en Argentina. Todo el mundo lo conoce como el sacerdote que dejó los hábitos para vivir libremente su homosexualidad. En la actualidad está casado con otro hombre. Hoy, en entrevista exclusiva para Oveja Rosa, nos habla de su relación, de religión, amor, y el libro que acaba de publicar.

1)      ¿Cuándo te definiste como homosexual? ¿Era una sensación que te había acompañado toda la vida o lo fuiste descubriendo con los años?

No es tan fácil responder esa pregunta. Me llevó mucho tiempo definir mi homosexualidad, creo que a los 30 años puedo decir que lo definí y que me sentí liberado al reconocerlo. Pero fue un camino muy difícil. Yo no quería reconocerme como tal y las negaciones eran muy fuertes. Hay un sabio refrán que dice “No hay peor ciego que el que no quiere ver, y peor sordo que el que no quiere escuchar”. Si hoy me pongo a mirar mi vida en retrospectiva, encuentro muchos momentos en los que me debería haber reconocido como tal, pero no lo hice. En la adolescencia recuerdo haberle dicho a mi mamá que me quería ir de mi casa porque me gustaban los varones. Pero luego eso lo sepulté bajo varias capas de negación. Pero lo bueno e importante es que tarde o temprano me haya dado cuenta de mi sexualidad y me haya reconocido como homosexual.

2)      ¿Por qué te hiciste sacerdote? ¿Cómo fueron tus años ejerciendo?

El discernimiento para entrar al Seminario estimo que fue muy honesto de mi parte. Estoy convencido de que me hice sacerdote porque quería serlo y ejercer esa vocación de servicio. Quizás puedan haber influido mis tendencias y como toda sublimación fue más fácil tomar esa decisión. Pero siempre puse todo lo que tenía que revisar y rever en ese momento de decisiones y fue una búsqueda espiritual muy grande.

Creo que mi vocación era verdadera y libre. Los años en el seminario y luego en el ejercicio del sacerdocio fueron enriquecedores desde varios aspectos.

Entrar en contacto con la gente en su intimidad es un regalo que no me cansaré de agradecer a Dios y a todos los que quisieron abrir su corazón delante de mí. Esas confesiones y consejos me enriquecieron mucho como persona. Soy un enamorado de la persona humana: de sus miedos, sus proyectos, sus anhelos más profundos.

También poder ayudar a alguien a encontrar respuestas a sus búsquedas, o empujarlos a decidirse por caminos en sus vidas es algo ennoblecedor.

Me gustaba mucho preparar las homilías, rezarlas, buscarles matices de comunicación, era muy creativo en ese sentido. Dar clases, misionar, entrar en lugares donde el amor no era considerado un valor. Tantas y tantas cosas lindas que siempre agradezco e intento capitalizar para la actualidad que me toca vivir.

Hoy en cierto modo puedo seguir ejerciendo varias de estas aristas desde el arte. En la actuación, en las clases de teatro, en la escritura o en la dirección de una puesta de teatro busco comunicar también optando siempre por textos y trabajos que estimulen el crecimiento de la humanidad desde algún aspecto.

3)      ¿Qué gatilló en ti el abandonar los hábitos y buscar el amor?

Los últimos seis meses de mi sacerdocio fueron sumamente difíciles, con muchas responsabilidades a nivel eclesiástico interno. Las considero providenciales porque ellas fueron las que permitieron que me diera cuenta de la falta de contención afectiva. De a poco fui reconociendo que no iba a ser fácil vivir el celibato. Y allí comenzaron las preguntas y las primeras curiosidades. Y empecé a descubrir un vacío interior. Y por más que me sentía muy bien en las actividades, me sentía incompleto internamente, insatisfecho. Esas preguntas llevaron a otras y así hasta descubrirme con ganas y deseos sexuales, y además con deseos homosexuales. Al principio fue un rechazo interno, sentía una dualidad muy fuerte. Me sentía traicionando mi sacerdocio, mi humanidad, traicionando a mi familia, a Dios. ¡Wow! Lo recuerdo y me dan ganas de llorar. Es algo que no se lo deseo a nadie.

4)      ¿Cómo se ha tomado tu familia este proceso?

Mucho mejor de lo que yo imaginaba que se lo tomarían. Uno se inventa muchos fantasmas y se imagina fantasías que después cuando se enfrentan con la realidad desaparecen. Ellos no sólo comprendieron, sino que me apoyaron y acompañaron en todo momento.

5)      ¿Cómo conociste a tu marido, y qué tal la vida de casado?

El descubrimiento de Luis fue paulatino, tuvimos tres encuentros antes de que pasara algo entre nosotros. El primer encuentro fue cuando yo recién comenzaba a empezar a trabajar de mozo, de camarero en un bar, un boliche gayfriendly, donde fue acompañando a su hermano, quien también es gay. Allí los conocí por primera vez porque me pidieron un trago que yo no sabía que existía y me cargaban y hacían chistes con eso.

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La segunda vez nos vimos en un set de grabación donde yo iba a realizar una participación como actor en una tira de TV y él estaba allí en su trabajo como productor de ese set de exteriores.

La tercera vez fue la conversación programática. Él me trajo hasta el centro en su auto unos dieciocho kilómetros y allí conversamos de muchas cosas, pero nos encontramos unidos en un anhelo común de querer estar con alguien, pero que no era fácil encontrar la persona correcta. En esa conversación dijimos que nos debíamos una salida, y así comenzó de a poco todo esto que ya lleva diez años y medio de convivencia.

La vida de casado sigue siendo tan placentera como antes, es una responsabilidad muy grande regar la plantita del amor todos los días y podarla para que crezca fuerte y segura. Pero si uno lo hace con amor y encontrando la felicidad en esas pequeñas cosas cotidianas se hace fácil.

6)      ¿Te gustaría tener hijos?

Lo hemos dialogado mucho. A ambos nos encantaría, tenemos el sentimiento paternal muy a flor de piel. Pero nos encontramos en un momento de nuestra vida que decidimos por ahora no tener hijos. Porque en nuestro trabajo y nuestros horarios pensamos que sería egoísta e irresponsable traer ahora a alguien a casa, pero nunca cerramos la puerta. Dios dirá y tendremos que estar dispuestos a educarlo, amarlo y criarlo, renunciando a algunas actividades si eso es necesario. Pero si la pregunta es “te gustaría”, la respuesta es indudable: SÍ.

7)      ¿Hay muchos homosexuales y lesbianas en la Iglesia¿ ¿Cómo debería ser, a tu juicio, la política del Vaticano con la homosexualidad, tanto interna como externa?

Sí, claro. Hay muchos homosexuales y lesbianas dentro de la Iglesia, como los hay también en diversos ámbitos. Pero serlo dentro de la Iglesia genera una particularidad muy grande. Algunos maduros y aceptados lo toman con libertad, pero otros encerrados, lo hacen negando y rechazando su realidad. Hay un dicho en la espiritualidad que dice: “lo que no se asume no se redime”. Pero no en el sentido de que hay que redimir algo que está mal o que es ajeno a la humanidad, sino en el sentido de que si se asume se puede poner al servicio de los demás.

Yo creo que es un don el ser homosexual y lesbiana, así como lo es ser heterosexual. Y está en nosotros saber vislumbrar cuáles de estos aspectos pueden enriquecer a la Iglesia, desde adentro y desde afuera.

8)      Has escrito un libro. ¿Nos cuentas un poco más?

Sí, en realidad este es el tercer libro que escribo. El primero Lucifer, ángel y demonio, era una especie de autobiografía que escribí apenas salí del sacerdocio y me acepté como homosexual, pero hace ya más de once años de eso. El segundo libro Vacío de resurrección es una ficción con ribetes autorreferenciales (sí, lo sé, no es ni creativo ni innovador). Y este es el tercero. Este lo escribí luego de recibir miles de pedidos de que me explayara más en las cartas que había enviado al Papa Francisco. Por eso decidimos con Luis subirlo gratis a la web y que la gente pueda descargarlo, compartirlo, debatirlo, sin necesidad de tener que pagar por ello. Quisimos que lo económico no fuera una excusa. Además nos lo hicimos de regalo de bodas con Luis. Creemos y sabemos que le hace bien a mucha gente saber que se puede ser cristiano y homosexual sin morir en el intento.

Es una deuda que tenía para con el Andrés que deja el sacerdocio, aquel que no sabía cómo hacer para aceptarse como era sin saber que eso no era ofensa para nadie. Está bueno que la gente sepa que la Biblia no dice nada objetivamente contra las relaciones consentidas y respetadas entre dos personas, sean de la condición sexual que sean. La Iglesia ha sobredimensionado las interpretaciones literales y arcaicas. Ya es hora que se empiecen a escuchar otras interpretaciones y otras voces que son válidas y son más cercanas al sentimiento de Dios. Donde hay amor, hay verdad y respeto. En el libro me explayo un poco más acerca de cada uno de los textos que se han tocado como caballito de batalla para la homofobia. Es tiempo de escuchar a Dios y no las interpretaciones tendenciosas que hacen de su palabra.

El libro se llama Tanto amor desperdiciado (de cómo ser cristiano y homosexual sin morir en el intento) y puede descargarse gratis desde este link: http://www.bubok.com.ar/libros/196762/Tanto-amor-desperdiciado-de-como-ser-cristiano-y-homosexual-sin-morir-en-el-intento

 

 

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