¿Es nuestro bebé una “tábula rasa” cuando nace? ¿Cómo es el proceso de su desarrollo espacial, matemático y verbal? A continuación vamos a tratar de dar una respuesta estructurada a estas cuestiones tan comunes para cualquier estrenado papá:

El bebé y el espacio

Nuestro bebé recién nacido desconoce el espacio que lo rodea y las leyes de la naturaleza que lo ordenan. Su percepción de lo que esta viendo y de dónde está es muy diferente a la tuya. Al principio, el pecho o biberón, el pulgar, no son más que una prolongación de sí mismo y su acción, y sus movimientos son aún una respuesta refleja. Sólo pasados los primeros meses nuestro peque empezará a percibir y tratar de explorar el espacio. De ahí que empiece a alargar la mano, lanzar objetos, etcétera. Está, básicamente, tratando de descubrir qué es lo que hay más allá del espacio de su propio cuerpo.

Alrededor de los 4 meses de edad, el bebé irá entendiendo el concepto de causa-efecto, al ver caerse los objetos, al ver desaparecer las personas al cruzar la puerta, etcétera. Al tirar de una cuerdecita de juguete que suena, sentirá agrado y lo repetirá un montón de veces (aparece la intención). Habrá entendido por fin que una acción tiene una consecuencia determinada. A partir de los 6 meses la exploración visual, táctil, y manipulativa del entorno, será tremendamente intensa. En esta fase todo es un juguete, pues todo es digno de ser explorado.

A los 8 meses suele aparecer la angustia ante los extraños, y es porque ha logrado reconocer a la madre y diferenciarla, cognitivamente hablando. El mundo empieza a diferenciarse y empieza a reconocer lo conocido-desconocido, seguro-incierto.

Ya que lo nuevo y los cambios generan ansiedad en esta fase del desarrollo (pero es a la vez la fase donde más enigmas va a resolver sobre el mundo que le rodea), es un momento ideal para trabajar un buen apego, mostrarle nuestra incondicionalidad, pero sin sobreprotección, alentándole a la experiencia positiva de lo desconocido.

Desde los 9 meses aparece el lenguaje referencial (, yo). Empieza a descubrir el espacio social, dejando atrás la limitación de su espacio corporal. De ahí que extienda el juguete hacia ti sin soltarlo; esta investigando el espacio que existe entre vosotros. A partir de los 12 meses aproximadamente ya puede usar un objeto intermediario (puede tirar de la manta para acercar su juguete, puede sacar un objeto de una caja de cerillas, etcétera). Su tono muscular empieza a coger forma.  Empieza a agarrar con las manos, por lo que es interesante jugar con objetos de diferentes agarres, formas y texturas, que él pueda coger. A los 12-18 meses ya puede pasar las páginas de un libro de hoja gorda. Es interesante en esta etapa estimular el agarre de los deditos (la psicomotricidad fina) porque es la antesala de la escritura.

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La conquista de las matemáticas

La inteligencia, el razonamiento, sigue un curso dinámico, no lineal, con grandes avances y momentos de latencia que parecen estancamientos, hacia alcanzar el completo desarrollo. Aunque no se trate de una ecuación, como decimos, lineal, sí que es necesario aprender firmemente unos conceptos para poder comprender e integrar los posteriores.

A partir del año los sentidos del niño empiezan a categorizar lo que perciben. Es decir, a distinguir y poder discriminar formas, colores, etcétera. Empezará a distinguir tamaños (grande-pequeño), cantidades (mucho-poco), e incluso clasificar en dos grupos pequeñas cantidades de objetos.

Sólo tras esta capacidad de discriminar perceptivamente está preparado para entender el concepto de igual y diferente.  Serán muy recomendables en esta fase los juegos con diferentes formas geométricas de diferentes cualidades (rodar, peso, color, textura). Tardarán (hasta los 3 años) en poder ordenarlos, hacer series, según las categorías perceptivas, pero ya podrán apilar objetos (con 12-18 meses puede construir torres de 3-4 cubos). Los cubos de diferentes tamaños que se insertan unos sobre otros serán geniales para aprender.

Estos descubrimientos, junto a la adquisición del símbolo, (es decir, del lenguaje representacional, que aparece entre 2 y 4 años), suponen la antesala al concepto de número y la puerta hacia las operaciones matemáticas.

Sin embargo, su pensamiento será intuitivo hasta aproximadamente los 6 años, (no entienden que el volumen se conserva aunque cambie la forma o que si tengo 6 bolitas negras y 2 blancas el collar de las negras será mas largo). Es por ello por lo que en los coles empiezan a aprender a sumar, restar, multiplicar, etcétera, sobre los 6-7 años, pues es cuando empiezan a poder ordenar series de mayor a menor y viceversa, a entender el concepto de peso y volumen y a realizar operaciones mentales concretas (operar con números).

El bebé y el lenguaje (verbal y no verbal).

Los matices en la expresión facial aparecen ya a los 3-6 meses, incluida la sonrisa.

Es el momento de lo no verbal, y es por ello muy interesante y educativo ser expresivos con ellos, comunicarse con la mirada, expresarles diferentes emociones. Incentivar su expresividad no verbal le aportará inmensos recursos y confianza para comunicarse el día de mañana.

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A partir de los 18-24 meses la expresión verbal comenzará a aventajar a la no verbal. Desde los 6 meses tratará de reproducir lo que oye pero incluso desde antes, oírnos hablar  estará estimulando el circuito neurológico tanto de la comprensión como de la expresión del lenguaje verbal por medio de las neuronas espejo, por lo que hablar a nuestro bebé desde recién nacido, nos entienda o no, le ayudará en el futuro a comprender y producir el lenguaje.

En torno a los 18 meses, época en la que conquista la marcha, tendrá un pequeño vocabulario con el que expresarse y a la vez muy posiblemente hará soliloquios (hablará para si mismo) ―muchos niños comienzan a hablar a escondidas antes de hacerlo ante los demás.

A los 3 años aparece el juego simbólico, representativo, el cual supone un crecimiento exponencial de su capacidad lingüística. Con las palabras podrá imaginar, ponerse en el lugar de otro, generar una escena fantaseada, representar un personaje. El lenguaje empieza por fin a mostrar sus capacidad inconmensurable de abarcar el mundo real e imaginado por lo que es un buen momento para estimular su imaginación y su vocabulario.

 

Rocío Carballo. Psicoterapeuta.

www.rociocarballo.com

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