Tienen miedo.

Lo han visto en sus aulas, muchas veces sin respuesta. Y prefieren esconder quiénes son y qué sienten a sufrir agresiones o insultos que el propio sistema no sabe ni resolver ni prevenir. Esta situación, que probablemente conozcas, que incluso hayas vivido en primera persona en tu propia piel en tu infancia y adolescencia, continúa siendo noticia en 2014.

Las conclusiones del estudio realizado por el grupo de educación de COGAM en más de 5.000 escolares de la Comunidad de Madrid son demoledoras: ocho de cada diez lesbianas , gays y bisexuales prefieren no salir del armario. Porque uno de cada diez de los que lo hacen sufren agresiones físicas en su centro escolar.

Repito, ocho de cada diez lesbianas, gais y bisexuales escolares madrileños han aprendido, porque el sistema así se lo ha enseñado, que es mejor esconder quiénes son y de quiénes se enamoran. Nuestros jóvenes perciben homofobia, lesbofobia y bifobia en las aulas y nadie pone un remedio real. Cuatro de cada diez escolares encuestados opina que el profesorado es pasivo frente a las conductas homófobas o bífobas.

En mayo del año pasado se debatía precisamente en la Asamblea de la Comunidad de Madrid una Proposición no de Ley para luchar contra la discriminación por orientación sexual y de identidad de género que no prosperó por los votos en contra del Partido Popular. Afirmaba Ana Camins, su portavoz, que la legislación ya protege a los jóvenes lesbianas, gays, transexuales y bisexuales en el sistema educativo, ante la indignación de los colectivos LGTB que estábamos presentes en la Asamblea. Este estudio demuestra que sus palabras no eran ciertas.

El sistema educativo de la Comunidad de Madrid suspende en igualdad, en formación al profesorado sobre educación en igualdad afectivo-sexual. Suspende en la generación de protocolos de ayuda a personas víctimas de la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia. Quienes asumen las consecuencias de esta ineptitud del sistema son una vez más las personas más vulnerables: los jóvenes. Pero quien pierde la oportunidad de cambiar una dinámica de odio y discriminación es toda la sociedad.

Decía Benjamin Franklin que “educar en la igualdad y el respeto es educar contra la violencia”. Y lo que están aprendiendo en este momento los escolares de las aulas madrileñas es desigualdad, miedo y falta de respuesta ante la violencia.

No salir del armario, negar la orientación o identidad de género por miedo al rechazo o a la agresión deja secuelas en las personas, secuelas que pueden evidenciarse en su posterior desarrollo. Que una generación de jóvenes en 2014 no se atreva a salir del armario evidencia, una vez más, que no somos iguales.

Esperanza Montero
Presidenta de COGAM

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