Si las mujeres primitivas hubieran dejado a sus hijos durmiendo solos, se les hubieran comido las fieras. El instinto de aquellas mujeres prehistóricas no les permitió dejar a sus bebés llorar, ni dormir solos.

A través de los años hemos sufrido enormes cambios culturales, sin embargo, genéticamente nuestros bebés no han cambiado mucho. Al fin y al cabo, nuestros bebés humanos son mamíferos. ¿Y el resto de animales mamíferos?, ¿no duermen junto a su cría? Las tribus de hace 100.000 años no tenían casas, ni camas, ni ropas. ¿Iban a dejar a sus bebés dormir solitos y desnudos? No hubieran podido sobrevivir.

Sin embargo ahora, en esta sociedad tan desarrollada y evolucionada nuestra, nos empeñamos en poner a los niños a dormir solos en una cuna nada más nacer. Y a los cuatro meses pretendemos que duerman solitos en su propia habitación. Si lo conseguimos, presumimos de tener niños autónomos. Nosotros tan evolucionados, qué poco escuchamos nuestros instintos y nuestros deseos. Y a nuestros bebés, qué poquito les importa tener preparada una cunita preciosa, cuando nada más nacer sólo necesitan el piel con piel de sus papás y mamás. Y es que nuestros hijos son mamíferos y están genéticamente preparados para dormir en compañía.

En países como Japón, Noruega y Suecia el 90% de los niños duermen acompañados. En el resto de países esto de dormir con los hijos sigue siendo un tema tabú. A pesar de ello, muchos niños duermen con sus progenitores, aunque la mayoría prefiere mantenerlo en secreto. ¿Cuál es el motivo?, ¿por qué se oculta algo tan natural como es colechar?, ¿por qué se habla tan poco de los beneficios de esta práctica?

Beneficios del colecho

Cuando un bebé nace sólo tiene dos fases del sueño, en pocos meses irá adquiriendo las otras fases. La respiración de las madres y de los bebés recién nacidos consiguen acoplarse si duermen juntos. El bebé logra así guiarse de las fases del sueño de su madre, mejorando la calidad y duración de su propio sueño.

Dormir con la madre también favorece la lactancia materna. Lo natural es que el bebé duerma junto a la mamá, que pueda olerla, sentir su calor y engancharse al pecho cuando quiera. Además esto le permite escuchar el corazón de la madre, tal como lo hacía en su vida intrauterina. Cuando un bebé se despierta y no siente peligro vuelve a dormirse. Por eso un bebé que duerme pegadito a su madre duerme mejor que uno que duerme en una cuna. Se despierta muchas veces, como cualquier bebé, pero se siente seguro y en lugar de llorar vuelve a dormirse, esto permite a la madre poder descansar mejor.

Hasta ahora he hablado de dormir con la madre, es lo mejor para los primeros meses, después vale papá o mamá indistintamente, o mejor si son dos progenitores y también hermanos si hay. Dormir en camada, igual que los mamíferos: eso es lo natural.

Cuando el bebé crece quiere compañía, separarse de los padres les resulta angustioso, por eso a partir del año, el momento de irse a la cama puede plantear problemas. El niño necesita sentirse acompañado y esto obliga a muchos padres a permanecer al lado de la cama del pequeño hasta que este se duerme. A veces incluso, los despertares a lo largo de la noche son continuos y esto interfiere en la calidad del sueño de los padres. Nada mejor que colechar para satisfacer esta necesidad de acompañamiento a nuestros hijos y favorecer también el descanso en los adultos.

Alrededor de los cuatro años llega la etapa de las pesadillas y de los terrores nocturnos. Dormir junto a tu hijo te permite consolarlo en el mismo instante en el que le atormentan esos sueños, ahí mismo, sin levantarte de la cama, sólo abrazándole fuerte y susurrando unas palabras tranquilizadoras en su oído. Numerosos estudios demuestran que las conexiones neuronales de los niños que duermen con los padres son diferentes a las de los niños que han sido acostumbrados a dormir solitos, aún más diferentes a las de los niños que se les ha dejado llorar para que aprendan a dormir solos. Los primeros son niños más confiados, más seguros de sí mismos y desarrollan mejor su autoestima.

Y entonces, ¿hasta cuándo lo de dormir con los hijos? Pues teniendo en cuenta que el colecho  no perjudica a nadie y es una práctica muy agradable, todos los padres y madres deberían sentirse libres para dormir con sus bebés y con sus hijos mayores. Hasta que les apetezca a todos, sin sentirse presionados por familiares, amigos, ni profesionales de la salud.

Mayte Gómez González

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