Capítulo 1 y Capítulo 2.

Por fin elegimos al afortunado y realizamos la inseminación en casa. Ambiente romántico, velas, música, todo a punto para una noche especial. Nosotras encargamos dos pajitas con la mercancía, lo que al final no resultó ser muy práctico. Tienes 20 minutos para que se descongele, ponerlo en la jeringuilla y preparar todo bien. Los 20 minutos se nos quedaron cortos para preparar la segunda pajita, así que recomendaría mejor una con más número de esperma. Al menos por nuestra experiencia, todo hubiera sido más “armónico” sin tener que poner la segunda también.

Nosotras utilizamos la copa menstrual después, para asegurarnos de que todo se quedaba bien sellado, aunque yo personalmente no lo he vuelto a utilizar, lo único que me aportó fue incomodidad. La copa y yo no somos muy amigas que digamos.

Después, solo queda levantar las piernas y las caderas, con cojines o con lo que sea más práctico para cada una. Media hora y ya nos relajamos hasta dormir y dejar a los pequeños nadar y nadar.

Para mí, fue un momento muy romántico y precioso, muy emotivo, porque eres tan consciente de lo que estás intentando y tus sentidos están tan alerta que se vive todo con mucha intensidad.

Los días consecutivos fueron difíciles, tuve muchos síntomas, dolores, náuseas, sueños vividos y surrealistas. La primera noche soñé con mi abuelo, que ya no está aquí. Venía y me decía, “tranquila Erika, que ha funcionado.” La mejor señal posible.

A los 9 días después, caímos en la tentación e hicimos un test, negativo claro, los ánimos cayeron pero oye, aún había tiempo, los síntomas seguían, el periodo se retrasaba. Hicimos otro test y negativo. Los ánimos cayeron aún más pero aún no había venido “Aunt flow” cómo le llaman los anglosajones, así que 4 días más de esperanza. Pero llegó la muy pesada a chafar la pocas ilusión que podíamos tener ya.

En ese momento sientes que has fallado o que tu cuerpo te ha fallado, es imposible no sentir un mínimo de culpabilidad, mientras la pareja te intenta consolar y se intenta consolar a ella misma.

Muy pocos amigos o familiares lo saben, no apetece dar la mala noticia y menos, quedar con la gente que no sabe de nuestro pequeño proyecto casi secreto porque verán mi cara, escucharan mi voz, y sabrán que algo pasa. No puedo esconder bien los sentimientos y no es algo muy bueno cuando te encuentras en una situación así. Me quedé en casa hibernando un poco más de lo normal durante la primera semana pero después, poco a poco, vuelves a ver las cosas de manera más positiva y vas recolectando pedacitos de cosas que te hacen feliz y poco a poco te van llenando por dentro con una ilusión renovada.

En ese momento no sabíamos cómo seguir, como continuar con nuestro “journey”. Nos lo replanteamos todo: el cómo, dónde ¡y hasta en qué país!

Pero eso, lo encontraréis en el siguiente blog la semana que viene!

¡¡Un abrazo y sed muy felices!!

por Erika Sanchez

 

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