“He llegado hasta aquí porque nunca dejé de buscarte”

Pablo López, 2017

 

2018 ha empezado con buenas noticias para nuestro colectivo.En enero, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) determinaba que los matrimonios entre parejas del mismo sexo deben ser reconocidos. Una decisión que afecta a Ecuador, El Salvador, Guatemala, Barbados, Bolivia, Chile, Costa Rica,… y así hasta los 20 estados que aceptan la competencia de la Corte y que constituye un hecho histórico que refrenda lo justo de las reclamaciones LGTBI.

Casi simultáneamente, el abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE),Melchior Wathelet, hacía pública su posición respecto a la definición de cónyuge. Considera que “cónyuge” debe tener una interpretación autónoma y uniforme en toda la Unión y que el concepto debe considerarse “neutro desde el punto de vista del género” e independiente del lugar de celebración del matrimonio. Es decir, derecho de toda persona a decidir con quién se casa y derecho a que todo matrimonio, con independencia de quienes lo forman o del lugar donde se ha celebrado, disfrute de los mismos derechos. Los mismos. Posicionamiento importantísimo, pues el TJUE suele seguir las recomendaciones emitidas por el abogado general y, por tanto, es probable que todos los países de la Unión se vean obligados a admitir los matrimonios de parejas del mismo sexo. A estos pronunciamientos se suma el incremento continuo de países que se deciden a regular el matrimonio igualitario, como Australia o Alemania.

Toda esta actividad, todos estos reconocimientos, vienen a reflejar una realidad imparable, un cambio global que, no obstante, solo es otro paso en el largo camino hacia la Igualdad. El paso siguiente será, obviamente, exigir el derecho de estos matrimonios a fundar su familia como ellos decidan y que se acepte que todas las familias somos iguales.

Las personas LGTBI precisamos, de modo habitual, del concurso de la medicina reproductiva para ser madres y padres. La inseminación artificial, la FIV, la Gestación Subrogada (GS), el Método ROPA, etc. -junto a la adopción o la acogida- tienen larga trayectoria en nuestras reivindicaciones. 8Porque el derecho a una construcción familiar propia y la igualdad deben ser entendidos como un todo y ese maridaje ha de formar parte del bagaje que dejemos a las generaciones futuras.

Hora es de reclamar que, lo mismo que se reconoce el derecho a la igualdad de trato de una pareja casada, con independencia del lugar de celebración del matrimonio o del sexo de quienes la conforman, habrá que reconocer también a su familia, a sus hijos e hijas, con independencia de la vía requerida para su venida al mundo y del lugar de nacimiento. Matrimonio igualitario, familias iguales. Menores iguales y con los mismos derechos.

Lo que implica acceso de todo tipo de familia a todo tipo de práctica reproductiva.

Algo vetado en muchos países. Francia, por ejemplo, niega a las parejas de mujeres lesbianas el recurso a medicina reproductiva, que sí está disponible para parejas heterosexuales. Una actitud que acaba de recibir el -doloroso-apoyo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, al fallar en contra de Marie y Ewenne. Dos mujeres, casadas desde 2014, que reclamaron ante el Tribunal su derecho a recibir tratamiento, para su infertilidad funcional, en el Hospital de Toulouse. Reclamación que ha sido rechazada. “No tenemos más remedio que exiliarnos para fundar nuestra familia. Incluso después del nacimiento, la ley francesa nos obliga a adoptar a nuestro propio hijo […]. Es hora de que Francia salga de esta hipocresía “, cuenta una de estas madres que  ven cómo se cierra en Francia el reconocimiento de sus derechos y sus deseos.

Situación idéntica vivimos en España las parejas gais, obligadas al mismo exilio para fundar nuestra familia y a las que se pretende obligar a adoptar al hijo propio. Forzados a emigrar a otros países, buscamos esa ley que permita recurrir a gestación subrogada (GS) para tener a nuestras hijas e hijos. Como otros colectivos, nos vemos embarcados en una larga lucha para defender nuestro proyecto de vida. Lucha que está teniendo lugar no solo en España, sino también en muchos otros países en los que la respuesta, legal e institucional, está siendo positiva. Por ejemplo, la Corte Suprema de Israel sentenciaba el pasado verano que la actual ley de GS, que solo permite recurrir al proceso a parejas heterosexuales, es discriminatoria. El Gobierno de Australia Occidental, el último territorio australiano que prohíbe a parejas del mismo sexo acceso a GS, está revisando sus leyes de subrogación y se espera que, en breve, permita recurrir a GS altruista sin discriminación por orientación sexual. Por su parte, en la Republica Checa, la lucha de Jirka y Rasmus ha terminado en una sentencia judicial que modifica la legislación del país. Unos padres gais, buscando el reconocimiento estatal de su familia, de sus hijos, nacidos también mediante GS, han conseguido que en Chequia, dos hombres puedan inscribir a sus hijos y ser reconocidos, ambos, como padres en completa igualdad.O en Italia, donde hay tribunales, como el de Livorno, que han ordenado reconocer a dos hombres gais como lo que son: los padres de sus hijos.

Los hombres gais no estamos dispuestos a renunciar a crear familias. Sabemos, sobradamente, que nadie nos va a regalar ni el menor de los reconocimientos. Jamás nos han regalado nada. Siempre ha habido que arrancarlos del puño cerrado de los políticos.Lo que no nos ha detenido ni nos detendrá. La lucha por el derecho a fundar la propia familia continuará. Lesbianas, gais, transexuales, intersexuales,… todos tenemos ese derecho. Todas y todos.

Francia se apresta, hoy, a modificar leyes y dejar de discriminar a lesbianas o mujeres solas, aunque seguirán discriminados otros colectivos. En España, los padres gais, las familias construidas por padres gais,también existimos. Somos reales y reclamamos que se perciba esa realidad. Estamos aquí y aquí seguiremos. Porque ser padre, como ser madre, es algo que nace de los adentros y no es posible ni cercenarlo ni negarlo. Y porque la igualdad no puede-¡no, no!!- ser discriminada por razón alguna. Ni siquiera por la orientación sexual. Ni siquiera por la anatomía.

Futuro se escribe con IGUALDAD en mayúsculas. Las familias LGTBI no renunciaremos a nuestros derechos. A ninguno. Incluido el derecho a decir a nuestras hijas e hijos que los amamos desde antes que naciesen.

–Cenando. Los tres juntos alrededor de la mesa. Mientras pincha un trozo de tomate, mi hijo dice como al azar: “Papi, ¿qué es más importante, la familia o el dinero?” “¿Qué crees tú?, respondo sonriendo y mirando de reojo a mi marido. “La familia, porque con ella puedes disfrutar y estar bien y sin ella no hay nada de eso”. Nos miramos los tres y asentimos felices. Estoy lleno. De Orgullo. De Amor. De mi familia–

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