[Lee aquí el cuento n.º 1]

Con la vida en las manos – El síncope

Una tarde Lu estaba preparando el café con leche para todos. Elisa y sus hijos Pati y Fede estaban sentados a la mesa. Lu tostaba el pan. Esos aromas de la casa. Dulces tibios, pan tostado. La charla animada. Los niños felices. El verano montevideano. La playa Ramírez. La nueva familia. La libertad. Lu se cae inesperadamente. Pierde totalmente el dominio de su cuerpo. Se cae en la cocina. La taza que sostenía en sus manos se rompe. Su filo le abre un tajo en la cara. Lu queda inconsciente y comenzando a convulsionar en un charco de sangre y café con leche. Elisa se queda para sostenerle la lengua. Le pide a Pati que llame a la emergencia. Le dice el número. Le da letra para el relato de los síntomas. Que se entienda la urgencia. Pati colabora tanto como una adulta. Cuando levanta el auricular, no hay señal. El teléfono estaba desconectado, porque el padre de los niños llamaba constantemente.  Pati encuentra el cable, lo conecta. Marca. Explica lo que ocurrió. Dice que la ambulancia viene en camino. La ambulancia sale en camino. Fede quiere ver. Está asustado. Pati lo aparta para el cuarto. Que no vea, que se puede impresionar. Elisa evitando las convulsiones del cuerpo en el piso duro de la cocina con pedazos de taza filosos. Pati dice que va a esperar la ambulancia en la puerta porque no anda el timbre. El timbre no anda porque Elisa y Lu lo desconectaron porque el padre de los niños aparece para obligarlos a salir. Que va con Fede a la puerta. Elisa que evalúa los riesgos. Dejar a Lu sola o ir a la puerta. No le parece apropiado que los niños estén solos en la calle. La situación es muy tensa y teme que Fede pierda el control en la vereda. Entra la vecina. Elisa le pide que se quede acompañando a Lu. Elisa siente la mirada de la vecina que no interpreta bien. Que por puro prejuicio cree que Lu se cayó de otra manera. Que no fue por su salud, que alguien le hizo algo. Elisa se imagina que la vecina cree que ella le pegó. Por fin llegan los médicos. La ponen en una camilla a Lu. La atan a la camilla. Le vendan la cabeza y parte de la cara. Le hacen un electrocardiograma. Pati le hace chistes a Lu, intenta mantenerla relajada y alegre.  Elisa llama a su hermana. La tía viene a quedarse con los niños. Elisa acompaña a Lu, la ambulancia las lleva al hospital.

Elisa y Lu pasan en la emergencia hasta muy entrada la noche. Una enfermera entra al cubículo, encuentra a Elisa besando a Lu. Echa a Elisa, que espere afuera. Explica que es la esposa. Pero la enfermera, que parece tener cierto rango, insiste en que espere afuera. Todos los acompañantes tienen derecho a permanecer, menos Elisa. Llaman los padres de Elisa al celular. Que no es necesario que se toman un taxi. Los padres que insisten. Vienen los padres de Elisa a buscarlas. Después del casamiento, se sintieron muy conmovidos. Entendieron el amor. Empezaron a colaborar. A la madre de Elisa sí la dejan entrar. Es una mujer mayor, bien vestida que vino con su esposo. De la familia de Lu nadie asistió, porque han perdido contacto desde que Lu fue echada, golpeada y amenazada con un arma de fuego por ser lesbiana. Al menos eso es lo que dijeron. Creo que tienen otros problemas pero a alguien hay que achacárselos.

Lu tiene espondilolistesis. Fue operada cuatro veces de la columna. La primera vez, la cirugía tuvo un error. Ese error le provocó una lesión en el nervio ciático. Tenía sólo veinte años. A partir de ahí, Lu sufre un dolor crónico muy intenso. Una mochila más para cargar. Toma medicamentos para aliviarlo. Tiene que estar muy tranquila. Tiene que saber llevar el dolor. Dominarlo con su mente. No hay quien enseñe a hacer ese proceso. Lu lo aprendió sola. Hacía días que no conseguían los medicamentos. La farmacia del hospital no los tenía, y en forma privada, no es ni económica ni operativamente fácil conseguirlos. Aparte del dolor, si le faltan los medicamentos, hay efectos secundarios. Los efectos físicos de la abstinencia fueron tan intensos que llegaron a provocarle un síncope. Los padres de Elisa esperaron varias horas en la sala atestada. Fue dada de alta. Abrazadas en el asiento trasero, volvieron a casa felices.

Elena Solís

http://elenasolisescritora.blogspot.com/

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