Era el año 2010. Mi hijo tenía solo unas semanas de vida (había nacido a través de la maternidad subrogada) y, con el grupo de padres de aquellos días, empezábamos a movernos bajo un lema: Nuestros Hijos Son Españoles.

Mientras Inocencio Arias nos negaba la nacionalidad, y hacia desaparecer el censo de hijos de españoles nacidos en California (de heterosexuales, claro), nosotros buscábamos ayuda y presionábamos a diestra y siniestra.

María Ángeles Alcalá, entonces Directora General de los Registros y el Notariado estaba cuajando su Instrucción de 2010 para darnos cobertura legal. Para sacar a nuestros hijos del limbo legal en el que se les quería mantener. En aquellos días el PSOE nos apoyaba sin titubeos.

Nos reunimos en Ferraz con la señora Alcalá, y el subdirector de la DGRyN, bajo los auspicios de Pedro Zerolo. Organizó todo. Se movió y ayudó y empujó.

Aún recuerdo sus palabras cuando terminamos la reunión: “esto lo vamos a solucionar”.

Para nosotros era una inyección de aire, de energía, de vida: teníamos un interlocutor que arrimaba su hombro al nuestro. Y sí, se solucionó y nuestros hijos (no todos, aún queda mucho que hacer) empezaron a ser registrados. Era un pequeño paso en el camino, pero era un paso enorme en un sistema que, hasta entonces, había mirado para otro lado, dejando hacer mientras se pasase de puntillas sobre los derechos de las familias, de los niños, de las mujeres que nos ayudan… mientras se siguiese la ley del “No preguntes; No lo  digas” (Don’t ask, don’t tell). Pedro no dejó que eso siguiese así.

Zerolo, invariablemente, ha sido un referente para los movimientos sociales. Mas allá de condiciones u orientaciones sexuales, las personas eran importantes para él. Nos lo demostró. Nos respaldó y era el cimiento con el que pensábamos contar en el futuro próximo.

Ya no podrá ser. Se ha ido.

Siempre estuvo ahí. Escuchó. Comprendió.

Hoy se ha ido.

Y estamos huérfanos.

Por perder su colaboración. Pero, sobre todo, por perder a alguien que ha dado continuamente una tremenda lección: luchar, pelear, defender a otros. Eso lo hace grande. Más grande de lo que nunca imaginó.

Seguiremos peleando.

Al fin y al cabo, nos lo enseñaste bien, Pedro. Lucharemos contra medidas dictatoriales, pensamientos únicos, inmovilismos y personalismos varios. De derechas, de izquierdas y de centro. Como hiciste tú tantos años.

Porque solo se logra aquello por lo que se pelea.

Gracias Pedro.

Gracias por tu ayuda y por tus lecciones.

Gracias por mi hijo y los hijos de tantos que están por nacer.

Un abrazo desde lo mas hondo del corazón. Hoy y siempre.

 

“Las familias no tienen orientación. Ya nuestra constitución habla de los distintos modelos de familia. No sólo de la familia tradicional, sino de las nuevas realidades. Ojalá, y como decía Judy Garland, lleguemos algún día a traspasar el arcoiris y a creer en la integración desde la diferencia de cada cual”. (P. Zerolo, 28-6-2001)

Fotografía Marta Jara

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