Una asociación de Brasil acaba de abrir una casa de acogida en la región de Sao Paulo para mostrar su apoyo y ayuda a todos los jóvenes que, en base a su orientación sexual o identidad de género, son maltratados y expulsados de sus familias. La organización pretende ayudarles a reencontrar su hueco en el mundo.

El objetivo de esta iniciativa es ayudar a los jóvenes LGTB que son expulsados de sus familias después de visibilizar su orientación sexual o identidad de género ante las mismas.

“La expulsión de la familia no se produce necesariamente con la frase ‘coge tus cosas y lárgate de aquí’. La mayoría de las personas que acaban aquí han sido sometidas a unas semanas de acoso e intimidación por sus familias, no han podido hacer nada para que pararan con su actitud, y han tenido que abandonar el domicilio“, ha expresado Irán Giusti, uno de los responsables de la casa de acogida para jóvenes LGTB abierta en Sao Paulo.

Otávio Gomes, un joven gay que vive en la casa de acogida después de que su familia lo repudiara y su tío le agrediera, ha expresado que cuando acudió a la policía encontró a unos funcionarios carentes de educación en torno a la diversidad sexual. “Fui a la comisaría de policía para registrar un informe sobre la agresión pero tuve que enseñar a la policía a escribir la palabra homofobia. Nunca, en la vida, habían oído hablar de tal cosa“, ha expresado el joven.

La casa de acogida pone tanto los muebles, alimentos, ropa y zapatos que usan los jóvenes que viven en ella, dándoles también apoyo a nivel psicológico, laboral, educativo y médico.

Interior de la casa de acogida

Interior de la casa de acogida

Marcel Borges, otro de los jóvenes que viven en la casa de acogida, ha recordado que la estancia máxima en el centro es de 3 meses, por lo que deben aprovechar el tiempo para encontrar una alternativa para sus vidas: “tengo que tener en la cabeza que estoy aquí de paso, que solo es mi casa por el momento, y que mi casa de verdad tengo que conseguírmela por mí mismo“.

El Ayuntamiento de la región defiende que “el 90% de la población local apoya la defensa de la familia tradicional. Por lo tanto, son los padres y madres quienes deben ofrecer esa información a sus hijos […] los niños no pueden ser obligados a tener conocimiento de estas cosas que podrían influir en su futuro“.

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