Lo usual es que sea al contrario, que seas católico y que al final la Iglesia, con su homofobia, te eche para atrás. Pero nos ha hecho gracia encontrar un testimonio que es todo lo contrario, por eso la compartimos hoy contigo. Es la historia de Caitlin Weave, publicada por Huffington Post.

«Me hice católica por el orgullo gay.

Mi esposo y yo recién acabábamos de casarnos y hacíamos nuestra vida juntos en una nueva ciudad después de que la compañía donde él trabaja lo movió de Nueva York a Georgia. No buscaba que la iglesia fuera parte de esa nueva vida. Él fue criado como católico, y aunque no era particularmente devoto, estaba claro que si teníamos hijos serían criados como católicos. La idea no me gustaba. Asociaba a la iglesia católica con misas monótonas y aburridas, y con la opresión general de las mujeres y otros grupos marginados. Las cosas que menos puedo soportar son el aburrimiento y el patriarcado.

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