Es una bonita historia, como tantas otras que pasarán a diario en el planeta.  Historias en las que hay amor, emoción y también sufrimiento.  Hay que vivirlas para saber lo que son, y yo ho, os la voy a contar…

La conocí en el trabajo, volví de mi excedencia maternal, dejé dos años de trabajar para dedicarlos a mi familia, disfrutar de mi pequeña cada segundo, ver cada sonrisa y cada nuevo gesto. Volví feliz al trabajo, tenía ganas de ver a mis compañeros.  Entré al office y allí estaba ella… Me la presentaron y en ese mismo momento ya no pude dejar de mirarla en todo el rato que duró aquel café. Fue mutuo, aunque en aquel momento, claro está, yo no lo sabía.  Una atracción irrefrenable, un sinvivir. Yo tenía una familia, ¿qué me estaba pasando? Yo quiero a mi familia, pero estoy deseando ir a trabajar, y compartir minutos con ella, coincidir en los turnos, que me sonría… Es una situación complicada. Yo le escondía esto a mi pareja, pero no podía evitar hablarle de ELLA, y no la conocía, pero él se daba cuenta que pasaba algo entre ella y yo.

sonieta2Fue pasando el tiempo y se conocieron los dos, y se cayeron tan bien, que empezó una relación paralela entre ella y él, una relación tan estrecha, había tanto en común, tantos gustos, sentido del humor y cosas parecidas, que él se enamoró de ella. Sí, así fue. Hicimos muchas cosas juntos (pero no revueltos, ojo).  Mi pareja seguía siendo él, y los dos enamorados de ella… Pasábamos momentos muy bonitos, pero todos, los tres, teníamos carencias y añorábamos cosas que no teníamos, no podíamos dar rienda suelta a lo que sentíamos. Entonces llegaron los momentos duros, los difíciles, separaciones físicas, dolor, llanto… Los tres sufrimos mucho. Pedazos rotos por todas partes. Por él no sentía amor, pero lo quería infinitamente, lo respetaba y veía su dolor, sentía mi dolor en lo más profundo de mis entrañas por amarla y no tenerla, y veía y sentía el dolor de ella. Fue muy duro.

Tuvimos ayuda “emocional” de profesionales, a los que fuimos juntos, porque nuestra voluntad por hacer las cosas bien ganó a todo lo demás.  Queríamos que nuestras hijas no sufrieran con el cambio, que continuaran siendo felices.  Ese era nuestro principal objetivo, de los tres, porque los tres las amamos.

Hubo que aceptar cosas con dolor, sufrirlas, vivirlas… Siempre juntos y apoyándonos.  Alquilamos un piso uno al lado del otro, en la misma calle.  Y empezamos la nueva vida: una familia en dos casas diferentes. No hay dinero que pasar, no hay visitas, no hay niñas con maleta… hay AMOR, ellas disfrutan de su padre y de sus madres cada día.  Pasado el tiempo, cada uno por fin ha ocupado el lugar que nos correspondía en el universo. Él ha encontrado un amor que le corresponde como él merece. Su pareja es maravillosa, como tenía que ser. Tenía que ser especial para aceptar esta situación y entrar a formar parte de esta familia “diferente” que somos.

Nosotras tenemos nuestro hogar y una nueva pequeña que viene en camino, fruto de este amor puro, que lo fue desde el primer momento. Yo ya sentí dos veces en mi cuerpo y mis entrañas lo que es ser madre, ahora tenía que ser ella, ella lo deseaba. Decidimos optar por el método ROPA, sentíamos que las dos queríamos estar implicadas biológicamente en el proceso. Es una técnica en la cual sientes que el bebé es “más de las dos”.  Así que fui sometida a estimulación ovárica para que uno de mis óvulos fuera implantado en el útero de ella.  Y así fue. Se lo pedimos al Universo, nuestros ángeles nos ayudaron, y fue un positivo. Y ahí está, creciendo una parte de mí, dentro de ella. Tiene mi genética, pero ella, su madre, le aporta toda su esencia, todos sus sentimientos, todo su amor, lo que es ella.

Esta historia ha ido fraguándose lentamente, se ha ido haciendo todo muy poco a poco, respetando los tiempos que nos marcaban las niñas, para ir dando pasos y cambiando situaciones. Ya han pasado dos años desde el cambio. Puedo decir que nuestras familias se portaron maravillosamente, que nos apoyaron.  Me siento absolutamente orgullosa de mis padres, de mis hermanos, de toda mi familia, que aceptó mi cambio de vida, aceptó mi elección. Vieron mi felicidad y se dieron cuenta, desde el primer minuto, que era mi camino, el que debía seguir. Si ponemos de nuestra parte, el Universo se va encargando de recomponer los pedazos rotos. Es difícil hacer las cosas bien, pero merece la pena. Vemos a nuestras pequeñas, lo felices que son, todo el amor que tienen… No han perdido nada, al revés, han ganado.  Han ganado más amor, más familia que las quiere. Son abiertas, sinceras y respetuosas, tolerantes con la “diferencia”.  Me siento absolutamente orgullosa de nuestra familia, de cada miembro de ella. Somos personas valientes y generosas.

La gente que de verdad mira más allá de lo superficial, y nos conoce, nos felicita. La terapeuta emocional a la que fuimos nos dijo que deberíamos dar la terapia nosotros a otras personas en esta situación.

En nuestro barrio, hemos sido “la comidilla”, nos han ido viendo… Él con ella paseando, ella conmigo, los tres juntos, con las niñas, sin ellas…. Hay gente que se ha acercado a preguntarme directamente.  Otros han hablado por detrás y dicho cosas sin saber; otros que ven más allá se han dado cuenta de todo y nos han felicitado por nuestra valentía. Pero no me importa la gente, ni lo que opinen de mí.  Me importa MI gente, que sean felices, verlos bien. El que ve con los ojos del corazón, se da cuenta de las cosas y se alegra de la felicidad de los demás, el necio no ve nada, ni lo verá jamás.

Resumiendo, esta es la historia de los últimos años de nuestra vida. A veces, pasan cosas que cambian nuestro mundo, pero creo firmemente que todo lo que pasa, es por algo. Cada una de nuestras vivencias nos pertenece.  Lo que vivimos y hemos vivido, es lo que nos tocaba vivir. Y aún queda camino por recorrer, afortunadamente, con sus llantos y sus sonrisas. “La vida es para los valientes”, dijo alguien alguna vez y creo de corazón que así es. Os mandamos un fuerte abrazo, repleto de fuerza, tolerancia, respeto y amor.

Por Sonieta

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