¿Somos capaces de escuchar atentamente y sin prisa las preguntas que nos hacen los niños? ¿Atendemos la necesidad que tienen de saber por qué? ¿Cómo los acompañamos cuando expresan admiración o sorpresa? Decía el escritor inglés Chesterton que la capacidad de sorprendernos es el motor de la motivación durante la infancia. La curiosidad y la capacidad de admiración ante los hechos cotidianos son la base de la captación creativa, del lenguaje poético.

Muchas personas vivimos a un ritmo tan rápido que ya no nos fijamos en los detalles que nos rodean. Hace años que hemos dejado de sorprendernos. Todo es como siempre. Cotidiano. Y en realidad no es así. Todo está en constante cambio, ¿o tú eres igual que hace 20 años? Si te permites nacer cada día, ser un niño cada día, recuperar su forma de mirar la vida, volverás a un mundo maravilloso en el que podrás revisitar todos esos lugares que creías conocer, esas películas que ya habías visto, todo aquello que ya dabas por sentado. Se trata de mirar y admirar, de sentir; no de analizar o evaluar. Imaginar, visualizar, disfrutar… ¿De qué otra manera un niño juega a indios y a vaqueros, o a ser astronauta o pirata? Y tú, ¿cuánto tiempo hace que no juegas? ¿Qué ocurre? ¿Te has vuelto mayor y responsable?

A menudo escucho a personas que asocian ser infantil con ser irresponsable e inmaduro. Pero creo que tiene un gran mérito conseguir disfrutar de las pequeñas cosas. Cuánto tenemos que aprender de nuestros niños. Disfrutar con una flor, haciendo un pastel, bailando una canción, escribiendo un poema, mirando una nube… Lo fácil es pasarlo bien viajando sin parar, conduciendo coches deportivos, de fiesta en fiesta y sin tener responsabilidades. Cualquiera lo pasaría bien así, pero creo que no todos tenemos la intención ni el poder adquisitivo para llevar una vida de ese tipo. Creo que la verdadera felicidad no está en llevar una vida frenética y llena de lujos, se encuentra en amar a los demás y en aprender a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día.

Cuando nos olvidamos de admirar y damos algo completamente por sabido nos negamos la posibilidad de aprender algo nuevo, de redescubrir. La vida se convierte en la sucesiva búsqueda de novedades, de descargas que nos saquen de lo habitual. Vivimos pendientes de lo que tiene que llegar. Y cuando llega se pasa rápido y ponemos nuestra mente en algo nuevo. Prácticamente no nos permitimos disfrutar. Somos insaciables, y viviendo así podemos acabar pensando que la vida es monótona, que ya nada nos llena, que ya nada nos divierte, que todo es como siempre. Que necesitamos más. Y aparecen nuevas preguntas: ¿debería cambiar de trabajo? ¿debería cambiar de país? ¿de pareja? ¿de coche? Necesito cambios, no aguanto la monotonía, soy una persona que necesita variedad.

La necesidad de variedad es común a todas las personas, pero para satisfacerla basta con rescatar nuestra capacidad de sorpresa y admiración. Convencernos de que cada instante es único y que ya no vuelve. Que cada vez que miramos algo es la primera vez y la última. Que cada vez todo es nuevo, aunque a veces no podamos apreciar los cambios a simple vista. Sócrates nos dijo nosce te ipsum. Conócete a ti mismo. Conoce cómo conoces la realidad. Aunque no acabes nunca, vivirás disfrutando, libre de pasado y de futuro. Libre del vacío de una felicidad que no termina de llegar. Estarás ocupado en vivir disfrutando del presente. En esforzarte por dar lo mejor de ti a cada momento. Ocupado en aquello que está en tus manos y que puedes controlar, aquello que haces y que no haces.

Si te lo propones puedes conseguir que tu aprendizaje en la vida sea una constante. Ser feliz con lo que tienes, no con lo que quieres. Descubrir que riqueza y austeridad no están reñidas. Que no es lo mismo ser ambicioso que codicioso. Aprender a valorar el camino que sigues. A encontrar la felicidad en tu interior, sin depender emocionalmente de personas o cosas. Puedes enseñarle a tus niños una parte tuya que tal vez creías olvidada y aprender de nuevo junto a ellos. No esperes a ser feliz cuando llegues a una meta. Puedes serlo mientras llegas, si quieres.

César Cidraque Llovet

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