Muchas personas llegan a terapia acusando una relación en la que, no saben muy bien por qué, se sientes divididos entre la angustia y el amor.

En determinadas ocasiones, una supuesto “exceso de amor” esta minando la relación demasiado rápido. Estos son los excesos más comunes:

1. “Compartimos todo”.

Lo hacemos todo, todo y todo juntos. Bien, hay quien dice que funciona y no quiero ser yo quien se empeñe en que te tomes ratos libres de tu pareja si no estas por la labor, pero ten en cuanta que al hacerlo todo juntos, pasas a ser la mitad de una díada. Las otras relaciones donde también tenías intimidad, (con un amigo, un familiar, con nosotros mismos, con nuestros hobbies, etc)  se resentirán en cierto grado o incluso pasarán a mejor vida.

Si decides que no quieres ni puedes dormir ni respirar sin el o ella, “por amor”, asume que si algún día se acaba, tendrás que volver a construir tu individualidad desde cero.

Mi hipótesis es que es más “seguro” para la salud mental de ambos que se mantengan ciertas parcelas privadas. Por ejemplo; podemos compartir a nuestros amigos con nuestra pareja, eso es genial, pero a la par sacar espacio para ver a esos mismos amigos en privado, como hacíamos antes.

gay couple ovejarosa2. “Aparece en todas partes de sorpresa”.

Muy a lo “50 sombras de Grey”, tu pareja puede aparecer de repente en el bar donde quedaste con tus amigos. Eso es romántico y divertido.

Pero si cada vez que quedas con un amigo, paseas a tu perro, vas de compras o quedas con tu ex, tu pareja irrumpe, se auto-invita o se hace amigo del alma de todos tus contactos, ¡warning! Tanta muestra de amor esconde a veces miedos inconscientes a que tengas intimidad con otras personas o una necesidad de tener control sobre ti. En ese caso, protege un poquito tu espacio.

3. “Estamos siempre de acuerdo”

Es increíble la cantidad de casos que existen en que uno de los dos miembros de la pareja hace propios los valores, las preferencias e incluso las frases literales de su pareja. Podríamos decir que se da un acto de “empatía radical”, donde, como proyección de nuestro amor, cualquier cosa que diga o haga nuestra persona amada “es perfecta”.

Estar siempre de acuerdo puede ser una coincidencia estupenda o deberse a la tendencia que a veces adoptamos de no llevar la contraria a nuestra pareja bajo ningún concepto, porque “total, a mi me da igual”, “porque siempre tiene razón” o para “ahorrarnos conflictos”.

Esta fusión de pensamientos y gustos se da en gran medida inconscientemente, de tal forma que llegamos a creer que siempre hemos pensado así, sentido así y opinado así.

4. Uno adapta su estética al gusto del otro

¿Adaptas tu vestimenta a cada preferencia que su pareja parece tener? Hay personas que recomiendan a su pareja un tipo de corte de pelo específico, cambiar su estilo de ropa o de maquillaje, etc. Una recomendación no nos viene mal a ninguno, pero hasta cierto punto: no somos maniquíes. Tu estética es algo muy tuyo, que expresa tu actitud y forma parte de tu identidad, por lo que debe gustarte, sobre todo, a ti mismo. Si crees que tu pareja es una eminencia de la moda, pídele consejo, que la estética siempre evoluciona, pero no asumas un criterio con el que igual no estas del todo de acuerdo solo “por amor”.

1114fe4f37b1e279b345779424e596ee5. “Me encanta que tenga celos”

En este campo, el asunto puede ir de la anécdota a lo patológico.

Desde el “Qué pasa, te gusta esa chica, que no paras de mirarle” hasta el mirar mal a cualquiera que se te acerque en el bar, todo son muestras del famoso dicho de “mear alrededor” de nuestra pareja. Puede resultar sexy o tierno en ocasiones. Pero desgraciadamente otras muchas, estas conductas empiezan como un juego y se van haciendo cada vez más comunes, e incluso omnipresentes. Entonces la vigilancia y la desconfianza se hacen crónicos y nos crean una ansiedad persecutoria de la que no sabemos como hemos entrado ni cómo vamos a salir.

6. Uno asume los hobbies del otro como propios

A tu chico le encantan las motos e irse con sus amigos moteros por la montaña. Tú nunca te has sentido atraído por nada que lleve ruedas pero de repente te sumas a todas sus expediciones. Sin darte cuenta empleas tiempo y dinero en aprenderte todos los modelos de moto y comprarte todas las revistas al respecto, y te conviertes en un perito de todo lo motorizado. Sin percatarte, has ido abandonando tu grupo de música y tus sesiones de Yoga, por la pasión repentina que te ha supuesto acompañarle en su mundo.

Pasa el tiempo y descubres que…¡Tu nunca te has sentido atraído por nada que lleve ruedas! y echas de menos tus hobbies, a los que ni tu ni tu pareja habéis prestado la mas mínima atención en los últimos años.

No se trata de que no compartáis hobbies. Ojalá tu pareja ame tanto como tu surfear o ir de compras. Se trata de no empatizar tanto con las pasiones y sueños de nuestra pareja al nivel de postponer los propios.

En definitiva, todos estos apartados tienen una “moraleja” común: Amar no esta reñido con mantener un espacio propio. Es más, no hay amor más incondicional, tanto en pareja como entre padres e hijos, que el que pone límites (sanos).

 

Rocío Carballo

Psicoterapia presencial y online

info@rociocarballo.com

 

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