¿Existen claves para ser buenos padres o cada uno debemos diseñar nuestro propio manual para esta aventura? Mi experiencia como terapeuta me ha demostrado que cada familia es un mundo, irrepetible y genuino, donde los hijos nunca son clones de los padres, sino que expresan, desde muy pequeñitos, su propio temperamento. Sin embargo, los miedos, el estado anímico del núcleo familiar y la capacidad de automotivarse para la vida, se contagian con facilidad de los referentes familiares a los peques. Y se contagian, en muchas ocasiones, para toda la vida.

Es por ello por lo que hay claves, reglas que seguir, que siempre funcionan y que es importante tener en cuenta a la hora de lanzarnos a ser papás y mamás.

Estos cinco hábitos que nunca olvidan los buenos padres ayudarán a que nuestros hijos se sientan seguros de sí mismos, confíen en el futuro, sean perseverantes y tengan las cosas claras.

 1. Los buenos padres ponen unos límites claros y bien definidos

No hay nada más perjudicial para los peques que tener límites confusos o no tenerlos. Hasta la adolescencia, la región del cerebro que controla los impulsos y nos vuelve respetuosos y civilizados (el lóbulo frontal) no se desarrolla completamente. Por esta razón no podemos dejar a nuestros hijos que razonen sobre lo que está bien o esta mal a una edad temprana, sino que tenemos que tener claro primero nosotros, y dejarles claro a ellos, cuáles son los límites. Cuándo es Sí y cuándo No. Qué se puede hacer y qué no. Y si la maternidad o paternidad es compartida, tiene que haber un consenso entre Síes y Noes.

2. Son cariñosos

289470_159675240_0172388b_H003428_LLos buenos padres son afectuosos. Felicitan a sus hijos, les recuerdan sus talentos, y les muestran su afecto verbal y físicamente. El sentido del tacto es el más repartido por el cuerpo y el más duradero (es el único presente en las últimas etapas del Alzheimer y otras demencias), de ahí que le llamemos en la jerga psicológica “el órgano social”. El doctor McGlone, en la revista Neuron, reivindica la importancia del contacto físico afectuoso, y afirma que el déficit de caricias en edad temprana puede afectar al comportamiento social y estado emocional futuro del pequeño. McGlone alerta de que no podemos olvidar este medio maravilloso de comunicación, cada vez más relegado en plena era de las redes sociales.

3. Nunca comparan a sus hijos entre ellos ni con otros niños

¿Qué pasa cuando comparamos a nuestros hijos con sus compañeros del cole o sus hermanos para que mejoren las notas o se porten mejor? Que les estamos enseñando a medirse a sí mismos en función de los demás. Acostumbrar a alguien a ser comparado le alimenta de inseguridades y envidias, y le llena de rencor y frustración. Es importante comparar a cada hijo consigo mismo. Ayudarle a mejorar y a crecer en función del punto en que se encuentra ahora, no en función de los demás.

4. Predican con el ejemplo

comunicacion-padres-e-hijos-aletheia¿Queremos que nuestros hijos reciclen, sean bondadosos, sean perseverantes, sean sanos, etcétera? Sin duda la mejor manera es siéndolo nosotros mismos. Si nuestro hijo vive en un ambiente donde se recicla, se realizan ayudas sociales de algún tipo, se lucha por lo que se quiere, no se fuma y demás, nuestro hijo estará orientado positivamente en el futuro hacia estas conductas. Cuanto más peques son nuestros hijos, más nos van a copiar, y menos a escuchar, porque aprenden a través de sus neuronas espejo. Siempre harán lo que vean y no lo que oigan.

5. Dan autonomía a sus pequeños

La sobreprotección puede anular profundamente a un ser humano. Es muy recomendable que nuestro hijo haga todo lo que este capacitado a hacer a cada edad. Es decir, si con 4 años ya puede llevar su plato a la cocina, ¡que lo haga! No es explotación infantil, es prepararle para ser autónomo y responsable de si mismo. De pequeños se les ve tan indefensos e inocentes que a todos nos sale el instinto de sobreprotección y cuidado extremo. Siempre pensamos que se nos van a caer, a romper, a perder. Pero eso no les ayuda. Tienen que aprender a caerse y levantarse, tienen que aprender a cuidar de sus propias cosas, de sus hermanos, de sí mismos. No hay una edad para ello: cada edad conlleva una responsabilidad.

Rocío Carballo

Psicóloga Psicoterapeuta

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