¿Cuánta independencia es suficiente? Esa es la gran duda para la mayoría de los padres de adolescentes. Quienes tienen hijos e hijas en esa edad saben que no pueden seguir tratándolos como cuando eran niños pero a la vez tampoco pueden hacerlo como si fueran adultos.

Los padres y madres son conscientes de que durante la adolescencia sus hijos deben ser cada vez más independientes y tener cada vez más libertad pero también son muy conscientes de los peligros que pueden acechar a los jóvenes. Encontrar el punto en el que los hijos tengan suficiente libertad para crecer de forma sana pero a la vez estén protegidos de los riesgos que supone el mundo actual no es fácil pero puede hacerse.Para lograrlo es recomendable seguir algunos pasos:

  • Ir poco a poco. La independencia no es algo que deba obtenerse de golpe. Ya durante la infancia los niños deben ir adquiriendo algunas responsabilidades que les den cierta independencia, así cuando llegan a la adolescencia que esa independencia vaya aumentando gradualmente será un proceso natural.
  • Evaluar correctamente la madurez de los adolescentes. No todos los adolescentes tienen el mismo grado de madurez. Y de esa madurez depende la independencia que pueden asumir. Sus padres son las personas que mejor saben en qué momento de su desarrollo están los chicos y deben tenerlo en cuenta a la hora de permitirles o no hacer ciertas cosas.
  • Confiar en los jóvenes. La relación con los hijos adolescentes debe ser de confianza, sin ella nada funcionará. Es importante que chicos y chicas sepan que sus padres confían en ellos, eso les dará seguridad en sí mismos. Pero también es importante que la confianza no sea ciega y que ellos sepan que deben ganarse la confianza actuando correctamente.
  • Todo es una negociación. Que las adolescentes y los adolescentes vayan conquistando su libertad puede establecerse siempre en términos de negociación. Los padres deben dejar muy claro a sus hijos que irán ganando más libertad si cumplen con los compromisos adquiridos en los pasos anteriores. Por ejemplo, si un chico o una chica tiene permitido llegar a casa a las doce pero la mitad de las veces llega pasada esa hora debe entender que no podrá pasar un fin de semana fuera de casa si antes no cumple con su promesa de llegar a la hora acordada.
  • Hablar claro es imprescindible. Conseguir una buena comunicación con los hijos es un paso imprescindible para que todo funcione bien. Si el adolescente no entiende exactamente qué es lo que sus padres o madres esperan de él o ella difícilmente podrá cumplir con ello.
  • No saltarse las reglas. Las normas son muy importantes para el crecimiento de los adolescentes. Es muy importante ser estrictos al exigir su cumplimiento porque si unas veces lo hacen y otras no, esas reglas dejan de ejercer su función educadora.
  • De los errores también se aprende. No podemos pretender que los adolescentes lo hagan todo bien. Los errores forman parte de la vida humana, todos los cometemos y además sirven para aprender.
  • Salud y seguridad son lo primero. Que los adolescentes entiendan eso debe ser uno de los objetivos primordiales de su educación. Los progenitores deben ocuparse de que chicos y chicas sepan que sus padres no permitirán nada que ponga en riesgo ni su salud ni su seguridad. Así aprenderán a ser cada vez más ellos mismos los que se ocupen de estar sanos y seguros y no correr riesgos en ese sentido.
  • Elegir bien las prioridades. A la hora de ir dando más libertad a los adolescentes es importante elegir bien cuáles son las prioridades tanto para que chicos y chicas estén seguros como para que vayan asumiendo responsabilidades. En la inmensa mayoría de los casos los chicos de doce o trece años no están preparados para salir por la noche pero en cambio sí pueden decidir cómo decorar su habitación. Y permitirles decorar su habitación, además, puede servir para hacer que se ocupen ellos mismos de su limpieza.
  • Guiarlos no es lo mismo que controlarlos. La función de guía de los padres de adolescentes es primordial para el desarrollo de chicos y chicas pero los padres deben ser cuidadosos de no convertir su labor de guías en un control excesivo que ahogue el crecimiento de sus hijos.

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